Definición de Correveidile:

1. Persona que trae y lleva cuentos y chismes // 2. Blog de los amantes de la lengua de Cervantes


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martes, 2 de enero de 2024

"Eres sombra", la última novela policiaca de Rocío López Núñez.

  

                                                                                                                                            El Gacetero

La novela policíaca es un estilo literario que siempre me ha llamado la atención. Realmente no sé por qué un día me enamoré de las historias de crímenes de investigación. Quizás sea el conjunto de elementos que constituyen una buena trama policial: suspense, misterio y pistas que requieren una mente inteligente para encajarlas en el rompecabezas a la hora de resolver un crimen. No me siento muy cómodo con las escenas del crimen y los tipos de muerte: me causan ansiedad y angustia. La violencia de las historias de detectives no me atrae, pero reconozco que es un reflejo de nuestra sociedad violenta. Sí, veo que los seres humanos somos violentos, basta con vivir un momento o estar en un ambiente que favorezca este espíritu maligno. 

Rocío López Núñez

Por supuesto, muchos asesinos son psicópatas, que nacen con un comportamiento desviado y tienen una inteligencia impresionante para ocultar o negar sus crímenes. Otro desafío es adentrarse en la mente de estos seres, o más bien en su mundo, para anticiparse a sus acciones y detener sus crímenes en serie. Eres sombra es una historia que tiene todos esos elementos, los cuales no me dejaron parar de leer el libro hasta que se reveló la conclusión de los policías sobre los crímenes narrados. 

Al explorar el libro, me pareció que leía el guion de una película. Cada capítulo es una escena no secuencial que cuenta una parte de la historia, involucrando a los distintos personajes de la historia. Cuando un capítulo terminaba con una pista importante, me sentía ansioso por la curiosidad, porque el siguiente capítulo era la narración de otra historia, con otros componentes sobre la investigación de los crímenes. Así, leía con más rapidez para llegar al capítulo que completaba la información sobre la investigación narrada con anterioridad y, por lo tanto, avancé raudo por las 400 páginas de Eres sombra

 


La técnica utilizada por la autora me pareció audaz, al construir una historia compleja que no fue fácil de desentrañar. En cada capítulo me preguntaba cómo resolvería la autora todo el misterio. La novela trata de crímenes que ocurrieron en el presente y el pasado, pero con relación entre ellos, que desafiaron a la policía. De forma magistral, Rocío presentó la resolución de los crímenes sin dejar ni un eslabón suelto. ¡Es asombroso!

La protagonista de la historia es una detective joven y rebelde que parecía haber llegado a la ciudad huyendo de algo de su pasado o de su anterior trabajo. Aunque se comporta como un pez fuera del agua en la nueva comisaría, está decidida a resolver su primer caso de presunta desaparición de una joven en la ciudad. Necesita un respiro para salir de su zona de confort y mostrar sus cualidades como investigadora. Su terquedad la lleva a comprometerse a resolver otro crimen ocurrido el año anterior, relacionado con la desaparición de una adolescente cuya investigación fue archivada sin resolver.

Así que, mientras investiga la desaparición reciente de la joven, también busca nuevas pistas sobre el caso archivado. Sin apoyo ni autorización de su superior inmediato, decide seguir su instinto, porque siente que algo va mal y una señal le dice que los dos casos están relacionados. A medida que avanzan las investigaciones, su hipótesis se hace realidad. Se producen muertes, surgen más misterios, los desafíos para solucionar los casos son muchos, aparecen nuevos personajes y la complejidad de la historia solo crece... así como lo hacía mi curiosidad. 

Tengo muchas cosas que contarte, querido lector, sobre la trama del libro, sin embargo, tengo que detenerme aquí, porque podría revelarte algo indebido. Lo mejor de una novela policíaca es no conocer el final ni los detalles de la narrativa para que tengas sorpresas en cada capítulo y puedas imaginar las posibles resoluciones de los crímenes cuando se presente cada pista. Por eso, lector mío, te invito a disfrutar de la lectura de Eres sombra y a adentrarte en el mundo de la investigación de crímenes cometidos por el egoísmo de unos y la psicopatía de otros. ¡Buena lectura! 

Si te has quedado con ganas de leer a Rocío López, busca su novela aquí

jueves, 2 de marzo de 2023

"No garantizo mi estabilidad emocional" del poemario ASCENSO A LA LOCURA (2022)



Pastillita buena,

pastillita salvadora,

aléjame de mi alrededor, 

cierra las puertas, ventas del exterior, 

pastillita santa,

pastillita prescrita, 

de seguir así

no garantizo mi estabilidad emocional,

cierra mis ojos, mis oídos al exterior. 


Arturo Accio

(Ascenso a la locura, México, 2022)

[Publicado con el consentimiento del autor]

martes, 25 de octubre de 2022

"Primera charla sobre el Metaverso en el Instituto Cervantes de São Paulo"

Bajo el lema “nuevas experiencias”, el pasado 19 de octubre tuvimos el privilegio de escuchar las interesantes reflexiones de Eduardo Salomão sobre su experiencia personal con el metaverso, en el Instituto Cervantes de São Paulo (Brasil). 



Tras 2 meses de intensa preparación, Eduardo destacó y explicó novedosos conceptos en español relacionados con el metaverso y, además, abrió un espacio para el diálogo con el público asistente y así poder para aclarar los términos más complejos, como "nft" (el equivalente a un certificado digital de autenticidad), la realidad mezclada o el gemelo digital. La clave de la charla fueron los ejemplos gráficos extraídos del mundo educativo, jurídico y sanitario.



Como viene siendo ya costumbre, aquellos los que participan en las actividades del blog Correveidile acaban siendo inmortalizados en sus páginas virtuales, por lo que una vez más no pudimos resistirnos a registrar ese momento, con todos los presentes y también con los que nos siguieron desde sus casas. 



Por fin, solo nos resta agradecer... Primero, a Eduardo Salomão por su tiempo y predisposición; después, al Instituto Cervantes de São Paulo por la cesión del espacio y los medios técnicos (especialmente a Luis Fernando Cardoso que estuvo siempre junto a nosotros); y por último, pero no por ello menos importante, a todos los que nos acompañaron y nos siguieron, puesto que sin esa calidad humana nada habría sido posible. Recordad que hay que ejercitar para ver y vivir esta NUEVA EXPERIENCIA del METAVERSO como algo muy importante que aprendimos en la charla: UNA OPORTUNIDAD. 

Marta Pérez Rodríguez

sábado, 15 de octubre de 2022

Conferencia gratuita: "EL METAVERSO Y SUS POSIBILIDADES EN ESPAÑOL"

 


El Instituto Cervantes de São Paulo junto con el blog Correveidile organizan, el próximo día 19 de octubre en la Avenida Paulista n.º 2439 (Auditorio), la primera conferencia en este centro sobre el metaverso en español, que correrá a cargo del ingeniero informático Eduardo Salomão.

El metaverso es el tema del que todos hablan, pero que pocos aún comprendemos. El objetivo de esta actividad gratuita (con aforo limitado) es el de construir un puente de entendimiento entre la realidad virtual y fáctica.

Además, el conferenciante aporta sus conocimientos y su experiencia en el asunto, con el toque en español, lo que constituye la mayor novedad para este evento que tendrá una duración aproximada de 1 hora.

La conferencia está destinada al gran público en general, pero se hará especial énfasis en las áreas educativa, jurídica y médica.

Estamos seguros de que quieres ser el primero en descubrir las posibilidades del metaverso en español. ¡Te esperamos!

 


Título: “El metaverso y sus posibilidades en español”

Facilitador: Eduardo Salomão

Fecha: 19/10/2022

Horario: 19:00

Lugar: Instituto Cervantes de Sao Paulo. Edificio Eloy Chaves. Avda. Paulista, n.º 2439 (Auditorio).

GRATUITO

Aforo limitado: 100 personas (se repartirá una seña 30 min. antes del inicio del evento)

sábado, 11 de diciembre de 2021

“Augusto Monterroso, ¿narrador de la brevedad? A propósito del centenario de su nacimiento” (1921-2021) [PARTE 2]

 ¿Te perdiste la primera parte?
Pincha aquí y podrás leerla

Por Omar Sandoval

También pienso que, desafortunadamente, hemos etiquetado a Tito con el mote de “El brevísimo” y ese mote no es del todo cierto. Vamos a ver por qué. Sin duda, es verdad que no se toma todo el tiempo del mundo para describir un vitral, un campanario o una montaña, al estilo de las últimas grandes novelas de principios del siglo XX, como lo hicieron Proust o Mann, primero porque no se trata de un novela, pero también porque no le interesan los detalles superfluos cuando no ayudan a la dinámica de la narración. 

Asimismo, es cierto que no ahonda en la “psicología” de sus personajes de la manera como lo hacía tan bien Chéjov, aunque eso no es del todo cierto, como voy a exponer más adelante. Pareciera ser que lo importante en la cantera de Monterroso es llegar al diamante o a la turmalina, sin detenerse en las grandes rocas o en las impurezas, que hay que quitar cuanto antes, si bien a veces es necesario mencionar el proceso de extracción minero, como lo hace el escritor que escribe sobre la escritura. Digo esto porque gran parte de la obra de Monterroso es hablar y reflexionar sobre el proceso literario. Y cuando hace esa tarea, no es tan breve como se supone. En cierta forma, se puede afirmar que, en ese sentido, su obra es didáctica. Sí, también en esos relatos utiliza la ironía y el sarcasmo, que son sus armas favoritas. Pero la ironía en este caso es una “ironía seria”, si se me permite la imagen.

Se trata de un tipo de ironía amarga porque él sabe que las pasiones humanas, particularmente en el quehacer literario, son harto contradictorias, paradójicas y, por qué no, redentoras. Y es en esos momentos de extraño brillo y fulgor cuando se hacen más profundas las sombras y los abismos. Conocedor del oficio, sabe muy bien de los escoyos por los que el escritor, el aspirante a escritor, el escritor bisoño y hasta el escritor consumado, tienen que pasar de manera inexorable como en un rito masónico. Y es así como nos advierte de las trampas que él mismo pone. ¿Una prueba? ¿Un ritual digno de los Templarios? Tal vez no tanto así, o tal vez sí: todo depende del color del cristal con que el escritor quiera ver: de un simple refrán se puede construir una fábula. Y me refiero a la fábula del camaleón que ya no sabe de qué color ponerse. ¿Es un acto de reflexión tácito que hace Monterroso de su propio quehacer escritural? ¿Ya no sabe de qué tonalidad valerse para hacer el camuflaje perfecto en sus imbricados relatos fabulescos?

Por supuesto que sí lo sabe, pero tiene que crear también diversión, solaz, alegría, gusto por la literatura y, para lograrlo, puede y debe interponer varios cristales hasta dar con el “color ambiguo y evasivo” de su paleta literaria. La clave está en el camuflaje del camaleón: hacer ver lo fácil, lo usual, lo simple que es contar una historia cuando, en verdad, hay toda una construcción compleja y, por momentos, erudita. Y es ese el arte, similar al de una obra musical de Beethoven que está construida con pocos compases, acordes y armonías aparentemente sencillas, pero que dan lugar a una obra que, en su conjunto, es mucho más que la suma de sus partes y que golpea al alma de una forma incontestable. Así que Monterroso es, por privilegio, un gran camaleón. En su fábula homónima todo el mundo aprende a manejar los cristales policromáticos para esconder algo, ocultar algún vicio, simular un afecto o bien para descubrirlo en el otro. ¿Acaso no es eso la literatura, aparte de otras cosas?

Cuando nos adentramos en esos cuentos de escritores que escriben sobre la escritura, Monterroso ya no es tan breve. Sus instrumentos son más sofisticados, su escalpelo disecciona a más profundidad, sus pinzas son más largas y agudas, sus procedimientos más elaborados. Pero, con todo, a modo de un scherzo, se introduce el saltimbanqui, el bufón, el sutil consejero gracioso: hay profundidad e ironía seria. ¿Y la brevedad? No, el ritmo ha cambiado. En Leopoldo (sus trabajos), Monterroso penetra en la psiquis de la persona que “quiere” ser escritor. Lo descubre por sí mismo al revisar su diario, en el que va apuntando sus aventuras que él mismo reconoce que no son aventuras, pero que están bien para empezar a escribir cosas. De repente, Leopoldo tiene una especie de epifanía o iluminación y se atreve a escribir su primer relato corto. Se da cuenta de inmediato que su escritura es muy pobre y se decide a aprender gramática, retórica… hasta que mejora bastante; eso lo alegra, pero también lo previene.

Esa honestidad en cuanto a sus límites y dificultades, propios del oficio de escribir, lo sitúan en la conducta del escritor muy cauto y paciente. Para el escritor que descubre que no es un genio -decía y dice Vargas Llosa- ese descubrimiento es una palanganada de agua fría. Le queda una alternativa de opciones: o abandona la pretensión de querer ser un escritor o sigue en la tarea, pero consciente de que tiene que trabajar el quíntuple o más de lo que trabaja un genio y, consciente también, de que puede que, a pesar del empeño, el tesón y la aplicación, finalmente descubra que el talento no existe… Eso lo aprendió Vargas Llosa de Flaubert. ¿Y Monterroso? ¿Y el escritor promedio? Leopoldo parece ser el tipo de individuo que quiere ser escritor, pero un escritor que sabotea perennemente su trabajo o sus trabajos. 

Quienes escribimos nos topamos con esos pudores: revisamos hasta el cansancio, borramos, tachamos, martirizamos nuestros escritos, hasta que, sea como sea, nos atrevemos a publicar y, una vez tenemos el libro o el artículo o el poema publicado, nos ataca ese bochorno, esa vergüenza de ¡por Dios, qué adefesio publiqué! Bajo esa óptica, Leopoldo puede representar nuestro afán por la buena escritura. ¿Y dónde está la ironía en ese relato? Bueno, posiblemente en ese afán de hacer castillos en el aire, de soñar con proyectos literarios que nunca se realizan, de iniciar apuntes para una novela, esquemas para un cuento policíaco, de pensar en la trama de un cuento de misterio, de visitar bibliotecas, hemerotecas y documentarse bien para ser fiel a los hechos, de visitar las “locaciones” en donde transcurrirán los encuentros, de caracterizar las peculiaridades de los personajes… y, finalmente, no hacer nada: un coqueteo con la creación literaria, pero solo eso. 

¿Nos está invitando Monterroso a que agarremos el toro por los cuernos? ¿Agarrar por el cuello a nuestro tema o motivo literario y sacarlo del clóset? ¿Se está burlando de nosotros (nada nuevo) por freír y refreír, pero nunca servir el plato? ¿O simplemente se burla de la persona sin talento alguno, pero que se da ínfulas de escritor, que se viste como escritor, que se presenta como escritor, pero que no escribe? Y en materia de brevedad, nos encontramos con tremendas sorpresas: párrafos de una o dos o más páginas de corrido en las que abundan los detalles descriptivos, psicológicos, analíticos. No, no hay brevedad. Aquí Monterroso cambia el ritmo de su literatura. Es más pausada. 

Volviendo a la comparación con la música, ya no estamos ante un “minué” sino ante una fuga de Bach, o ante una sonata, como la Kreutzer de Beethoven. Por su puesto, en sus ensayos y en textos más complejos como en Lo demás es silencio, la prosa de Monterroso se vuelve más compleja. Pero en este comentario mío, advertía al inicio que me iba a circunscribir a sus fábulas y cuentos. Leopoldo está motivado, su empeño de escribir no ha desmayado, prosigue con gran tenacidad, ¿llegará el día en el que al fin desista… o en el que por fin publique? En uno de los momentos más interesantes del relato, Leopoldo saca a colación una teoría de los ciclos de la fertilidad en la composición, que no se explica si es una teoría propia o de alguna lectura, él que tanto frecuenta la biblioteca: los ciclos creativos se dan de siete en siete años. Por lo tanto, no hay que andarse con prisas. En la vida real, tenemos escritores fieles a esa teoría, que piensan que una novela, una buena novela o un corpus de buenos cuentos, no se pueden escribir ni pulir en menos de siete o diez años. Pero Roberto Bolaño los contradice: ¿quién dijo que eso era un dogma? Y cita la obra de Stendhal, Rojo y negro, acaso su mejor novela, y que la escribió en solo dos meses. Es el mismo Bolaño quien nos habla de la miseria del trabajo del escritor. Algo de eso entreveo en ese cáustico relato de Monterroso. Y, como he mencionado, no es uno de sus cuentos breves, ni uno de sus cuentos de ironía festiva: a mí me sabe a ironía amarga.

Pasemos ahora al segundo relato de esa misma estofa: Obras completas. En este segundo relato no breve y de ironía igualmente amarga, Monterroso penetra en la vida intelectual de dos personajes que tienen en común su afición por la poesía y la creación poética. Estamos ante un escrito que nos va a desvelar profundas inquietudes y desafortunadas decisiones. Pero también se develan otras emociones y condiciones de lo que se mueve en el interior de quienes nos zambullimos en el mundo de las letras. Hay que mencionar que Monterroso utiliza para uno de sus personajes de ese cuento, el nombre de un escritor de la Ilustración española: el religioso benedictino Feijoo. ¿Lo hace a propósito? ¿Es simplemente una “parodia” literaria? Me recuerda a la otra parodia, la de Cortázar, al nombrar a su escurridizo gato con el nombre de Theodoro Adorno, el filósofo alemán de la escuela de Frankfurt y su “entrada en la religión”. 

No sabemos (es imposible saberlo, a menos que alguien en particular lo confiese) que Obras completas haya inquietado a algún crítico o erudito de la literatura por sus frustradas ambiciones de creación poética. Pero que las hay, las hay. El gran problema que plantea este cuento de Monterroso es si en el gran océano de la literatura se puede ser un delfín sin haber ambicionado ser un tiburón o una enorme ballena o alguna orca o simplemente una anémona. Y si fue, al final, “el destino” el que se encargó de llevarlo a uno por tal o cual camino para llegar a ser lo que se es, sin o con el remordimiento de lo que no fue y que, tal vez, solo tal vez, pudo ser… Esa es la gran melancolía. Y es también la gran pregunta. No es cuestión exclusiva del mundo literario, claro está. Podemos extrapolar la frustración de Feijoo (el del cuento de Monterroso) o de Fombona (el erudito que desvía la vocación de Feijoo hacia sus dominios) a otras artes e incluso a otras disciplinas de la ciencia y la religión. 

También están la envidia y la venganza: si yo no pude, tampoco vos podrás y yo me voy a encargar de sonsacarte. Para lograr ese clima de inestabilidad, Monterroso caracteriza al joven Feijoo (que podría representar a todo joven con inquietudes literarias) como un muchacho tímido, pero con talento para la poesía. El zorro de Fombona se da cuenta del talento de su discípulo, pero como quiere vengarse en ese joven de sus propias frustraciones, lo lleva por los vericuetos que son su especialidad y, finalmente, lo destruye. El final del relato es la apoteosis de la ironía amarga: para apaciguar su culpa, el maestro finge hacer otra cosa, cualquier otra cosa, mientras su joven discípulo pasa por la guillotina de su aciago destino. Para convertir ese inmoral asunto en tema de interés, Monterroso va “tejiendo” lentamente, sin prisas, con ocurrencias, detalles, situaciones, bromas, la urdimbre que al fin concluye en el matadero. Yo no tengo la culpa, parece excusarse Fombona, y por eso saluda a alguien o busca algo o hace cualquier otra cosa que no lo vincule ante el crimen. 

Se suele pensar que Augusto Monterroso fue un escritor que, como tal, estuvo al margen de los grupos y movimientos literarios de su época. Por ejemplo, no forma parte del boom latinoamericano. Si Sábato refresca la novela psicológica en El túnel, Monterroso actualiza el cuento breve y, principalmente, las fábulas, algunas de las cuales he comentado de modo breve. En el género fabulesco siempre hay una moraleja, explícita en la fábula clásica, como la de Samaniego; en Monterroso, entender la moraleja es tarea del lector: está implícita. 

Monterroso no formaba parte de grupos literarios como tales, sin embargo, hay indicios de que sí estudió los recursos de la narrativa moderna y los incorporó en algunas de sus obras. Me pareció interesante el uso de múltiples narradores, quienes cuentan la historia desde sus particulares percepciones. También el uso del tiempo en forma circular. Escritores como García Márquez o Vargas Llosa, entre otros, emplearon esas técnicas en algunos de sus relatos, por ejemplo, en La hojarasca. En el cuento Diógenes también, Monterroso construye la historia desde la perspectiva de un niño, la madre o abuela del niño, y la del padre del niño. No es sino al final del relato cuando sabemos que el padre del niño se ausentaba con frecuencia de la casa porque era agente viajero y eso lo ignoraba el muchacho. Tampoco estamos seguros de si el hombre está diciendo la verdad, porque en la narración hay un momento en el que hombre cuenta un episodio de la vida con su hijo y con su esposa (¿o su madre?), que tiene todo el patrón de un cuadro psicótico. Es un relato, digamos, extraño en la narrativa de Monterroso, una forma abierta en la que el lector está obligado a atar los cabos sueltos que encuentra en esa historia, en donde el tiempo va y viene: cada lector habrá de construir la historia con los recursos intelectuales de los que disponga. 

A manera de conclusión, se puede afirmar lo siguiente: Augusto Monterroso es un autor que tiene su espacio bien ganado en la literatura hispanoamericana, así como en la literatura universal. Si bien es cierto que, en cuanto a su trabajo literario en los cuentos y fábulas, la brevedad es la característica más constante, no se le puede limitar a esa única cualidad, pues cuando se trata de abordar temas más complejos, cambia de ritmo y puede escribir grandes párrafos con una importante riqueza de contenidos descriptivos, estados psicológicos y manejo del tiempo circular. La ironía, la burla y el sarcasmo son unas sus herramientas favoritas. Pero, a veces, su ironía se torna amarga. Monterroso aborda los grandes problemas humanos y los toca con la gracia de su literatura, para que disfrutemos y nos riamos de nosotros mismos. El narrador sabe que poner rostros compungidos y máscaras de formalidad no ayuda gran cosa a que salgamos abantes en nuestros propios infortunios. Es mejor reírnos de esas cosas. Pero también es bueno que reflexionemos en profundidad con esa amarga ironía. Al final, lo que cuenta es la literatura y Monterroso es el gran maestro de las palabras y de las historias.

San Lucas Sacatepéquez

15 de julio de 2021,

segundo año de la pandemia. 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

“Augusto Monterroso, ¿narrador de la brevedad? A propósito del centenario de su nacimiento” (1921-2021) [PARTE 1]

 


Por Omar Sandoval

En este breve ensayo que escribo para conmemorar el nacimiento de ese gran escritor guatemalteco, premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias y premio Príncipe de Asturias de las letras, me limitaré a comentar un poco su línea narrativa, particularmente sus cuentos. Para quienes hemos leído a Monterroso y a sus críticos, nos es familiar su habilidad para la brevedad. Y también, esos mismos críticos nos previenen sobre la facilidad o ingenuidad en la que podemos caer al creer que su narrativa es sencilla, jocosa e inocente. Nada más lejos de la realidad. Pareciera ser que esa trampa es parte de la hilaridad con la que Monterroso se goza en festejar y dejarnos con una perplejidad anodina, similar a la de la persona que solo tiempo después se da cuenta de que ha sido timada o engañada. Y en literatura eso es válido, como recurso y estilo.

“En los frascos más pequeños se guardan los mejores perfumes… y los peores venenos”, nos dice el refrán de la sabiduría popular. Y cuando estamos ante la lectura de uno de los cuentos o fábulas de Augusto Monterroso no sabemos si estamos ante un preciado perfume o ante un letal veneno o una mezcla imposible de ambos. ¿Son la ironía y el sarcasmo perfumes o venenos? No hay que ser tan radicales, por supuesto. Podemos quizás ser más justos al decir que estamos ante una pequeña botella que nos encontramos en las aguas turbulentas del mar, una que es arrojada por las olas y cuyo lugar de origen desconocemos. Y dentro de esa proverbial botella va el mensaje. Es una botella con una papelito en su interior. Nos disponemos entonces a sacar el papelito con gran expectación: ¿un mensaje de auxilio?, ¿un mensaje militar escrito en un código secreto?, ¿una declaración de amor o de guerra a una amante o a un enemigo distante? No. Hay una sola frase, que al leerla nos causa una mezcla de chiste y perplejidad. 

En lo personal, debo confesarlo, no soy de los más destacados admiradores del Dinosaurio. Sé muy bien que ese micro o nanorrelato ha sido celebrado, incluso por el gran Ítalo Calvino, pero soy más “fan” de los relatos con más sustancia. Me parece un relato audaz e icónico (icónico en el sentido de evocar en nuestras mentes la figura de ese animal herbívoro gigantesco de la era jurásica) y que para asuntos de “récords de Guinness” haya logrado posicionarse como el relato más corto de la historia de la literatura, aunque, al parecer, la marca ha sido superada de manera reciente por otros escritores. Sin embargo, esa superbrevedad que llega al límite posible en el Dinosaurio no es del todo la única literatura de Monterroso, aunque, desafortunadamente, y quizás debido a ese memorable relato, se le haya encasillado en esa fórmula económica.

Por supuesto que prefiere la economía antes que la prodigalidad y el derroche, pero también se vuelve extensivo cuando el ritmo del relato o la temática central lo requiere. Un ejemplo del ahorro de palabras, y no solo de palabras sino de hechos, es La Oveja Negra: “En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada…”. A parte de recordarnos el inicio de los cuentos clásicos europeos con lo de “Había una vez o “En un lugar de la Mancha…”, notamos una cortante narración. Un ahorro insólito de hechos narrativos. En el cuento clásico, se ha dicho, el esquema funcional siempre fue: introducción, nudo y desenlace. Pero aquí se pasa de la introducción al desenlace. No sabemos la razón por la cual la infeliz oveja fue fusilada, si por ser negra o por otro delito. 

Lo que sigue del relato es la ironía. La interpretación de la fábula da pie a múltiples posibilidades, desde las más inocentes hasta las más elaboradas. Se puede interpretar como un asunto de pura discriminación, por “el color negro”, hasta la intolerancia por la singularidad en un mundo que castiga “ser uno mismo, no seguir al rebaño, etc.” o lo más difícil, una alegoría política. Es quizás uno de los cuentos de Monterroso más directos y a la vez más evasivos. Sobre todo, hoy que asistimos a una inaudita fiebre de preferencias identitarias que no solo se visibilizan o se pretenden visibilizar en banderas multicolor, sino también en modas y exigencias que hacen tambalear nuestro anacrónico sistema de valores… a costa de una intromisión de lo incierto. 

En cierta forma la literatura ha sido profética o al menos constructora de presagios, desde la visión de McLuhan con su famosa frase “El medio es el mensaje” (ahora que hay tantos medios y tantos mensajes) hasta la visión política del hombre deambulando en “La Aldea Global”. Las ovejas comunes y corrientes pueden sacar partido del hecho criminal, pero también el escritor, entre ellos el propio Monterroso, se puede ejercitar en el arte de la escritura no al promover o ejecutar actos criminales o políticamente incorrectos, sino por el hecho de construir sobre cadáveres, como lo mencionó recientemente Vargas Llosa. Conste, no obstante, que en el caso de la literatura no estamos hablando de las demás ovejas comunes y corrientes, sino de aquellas que convierten la experiencia humana en contenidos literarios. Las demás ovejas puede que se ejerciten en el arte de la escultura u otras actividades artísticas y, para ello, necesiten más sacrificios de ovejas negras, pero su arte jamás llegará a ser auténtico.

Y hablando de autenticidad, aprovechemos para comentar otro de los cuentos cortos o muy cortos de Monterroso: La Rana que quería ser una rana auténtica. Se trata de nuevo de la ironía, pero en este caso matizada por una especie de masoquismo o autosacrificio. En la mayoría de los cuentos o fábulas cortos de Monterroso encontramos un mensaje sarcástico y de humor negro. Y justo ahí está la trampa de la que hemos hablado. La sonrisa que inevitablemente asoma en los labios del lector es una invitación a la celebración del ingenio… y de la crueldad también. Quizás sea aleccionador. Quizás sea otra vez alegórico. Imagine que usted es un escritor que quiere escribir con originalidad, fuera de los lugares comunes, con un estilo que se esfuerza por ser o parecer propio. Y para lograrlo tiene que trabajar arduamente: tachar, borrar, eliminar, rehacer, editar...

Después de logrado su objetivo (o de creer que lo ha logrado), usted va hasta el editor. Espera nervioso e impaciente la opinión del experto, un editor que ha trabajado con muchos autores famosos. Digamos que usted está en una salita de espera o algo así. El editor le sirve un café y le dice, con la mayor cortesía, que espere un momento, que tenga paciencia, que ya regresa. Usted está ahí, como el padre que ha dejado a su pequeño hijo en el colegio parvulario y no sabe qué trato le van a dar el primer día de clases… Entonces el editor se olvida de usted, de que usted está esperando en la salita, con su café que apenas ha saboreado, y escucha el lapidario comentario que hace a su secretaria: “Este relato es bueno, es igual al del autor T…”. 

Algo similar ocurre en otros relatos, en los que de modo invariable nos vemos sorprendidos por ese humor satírico, inclusive en el cuento del mono que quiso ser un escritor satírico. En este caso la alusión a la política y la diplomacia son tan transparentes como las intenciones del autor por satirizar, quizás, a los profesionales del cuarto poder, que de hecho están al tanto de ciertas desmesuras y calamidades que ocurren en los ámbitos que frecuentan, que podrían llenar infinidad de cuartillas para sus editoriales lúcidos y comprometidos, pero que lamentablemente comprometen también la “fafa” que reciben de sus pautas y notas de relaciones públicas. Así, estamos ante un autor que recurre a la fábula clásica, con animales que hablan, planean y ejecutan, pero que representan en su alegoría a personajes por todos conocidos (hasta por ellos mismos) y, por tanto, me atrevería a afirmar, bajo el riesgo de que me lapiden algunos celosos fanes del autor, una literatura por momentos tendenciosa, cuestión que no es reprobable si se hace con el estilo de nuestro autor; porque esa tendencia es un estilo y no hay mejor estilo para la educación moral que la parábola. 

Otra característica que puedo apreciar en la narrativa de Tito Monterroso, como cariñosamente lo conocíamos, es el uso del lenguaje coloquial y provinciano en boca de sus personajes, característica que, por supuesto, no es exclusiva de él, pero que en la brevedad de sus escritos le da una relevancia que es difícil encontrar en otros autores. Si no fuera por el contexto en el cual aparecen esas expresiones vernáculas, daría la falsa apariencia de una cacofonía desafortunada, pero que sabe introducir de la forma más genial, como lo hacían Asturias y Rulfo. Me vienen a la mente los relatos de Primera Dama y No quiero engañarlos, en los que logra el efecto deseado, que es el tedio, la impaciencia y el bochorno, que llegamos a compartir con los espectadores del relato. Esa magia de contagiar y de introyección en el acto narrativo es una cualidad que me parece digna de resaltar. 

¿Quieres seguir leyendo más?

No te pierdas la segunda parte.

lunes, 19 de octubre de 2020

“Las raíces de nuestra identidad como personas: una breve reflexión”


Omar Sandoval

En mi caso, me he preguntado muchas veces sobre mi identidad como persona, pregunta que se extiende a mis ascendentes familiares. Mis apellidos son de origen español, pero eso no prueba que todos mis ancestros estén en España o en algún otro país de la cuenca del mediterráneo, ¿o sí? Los ascendentes de mi familia, por la línea materna, vivieron en el área geográfica ocupada por la etnia Xinca, (Jutiapa, Jalapa, Santa Rosa) cuyo origen, según antropólogos y etnólogos expertos, no guarda una relación directa con los mayas o con las etnias provenientes de México, como los aztecas o náhuatl.

Asimismo, la teoría del origen del hombre americano (entendido en el sentido estricto del continente) asegura que los ancestros de los pueblos originarios de América provenían del área geográfica del sudeste asiático, mediante la migración a través del estrecho de Bering que conecta Alaska, en el cabo del Príncipe de Gales, con el cabo Dezhneva en Rusia, en una remota época en la que se congeló el agua del estrecho, durante la última glaciación, convirtiéndolo en un puente transitorio. Así que ahora, es posible buscar nuestros orígenes en los pueblos asiáticos o de la Rusia mongólica. No tengo en la región interglútea de mi anatomía la famosa mancha mongólica que me podría vincular a un origen asiático, pero eso tampoco lo descarta.

Por el momento, me conformo con saber que soy una mezcla de xinca/español y, como los españoles fueron, a su vez, invadidos y colonizados por los árabes, también podría tener algo o mucho de esas etnias orientales e incluso de los enigmáticos godos. Entre los llamados pueblos originarios de Guatemala, cabe mencionar a los grupos xincas, mayas y otros diversos subgrupos del tronco maya o náhuatl, quiché, cachikel, quekchí, tzutujil. Los de la etnia quekchí, a su vez, se mezclaron con las etnias garífunas del caribe, dando origen justo a la etnia de los “caribes negros”. Todos esos pueblos originarios y sus “mezclas” tienen más o menos claro su origen inmediato.

Los que nos llamamos ladinos, en Guatemala, somos supuestamente una mezcla de españoles con los remanentes de las etnias mayas y las etnias xincas. Y es, en esa última mezcla subespecífica (no racial, como de modo equivocado se ha hecho creer, ya que no hay razas humanas, sino una sola especie humana con sus variaciones étnicas), en la que yo, en lo personal, tengo acendrado mi origen. ¿Qué implica conocer nuestros orígenes inmediatos? Las implicaciones son más que todo de orden cultural, pero también político.

Para quienes hemos leído y estudiado el libro de Severo Martínez Peláez (1,1998), La patria del criollo, sabemos que hay también un linaje de personas que ocupan nuestro territorio nacional que se consideran (o son) descendientes directos de los conquistadores o de los inmigrantes de la península ibérica; entre los que podríamos mencionar, por citar alguno, al Clan Aycinena, uno de cuyos descendientes fue mano derecha del presidente de la República de Guatemala, el general Rafael Carrera, y con posterioridad también presidente de la República. Las personas, por la razón que sea: orgullo, vanidad, vacío existencial o ejercicio de la violencia política, suelen evocar su linaje como algo de mucha importancia, como si su origen lo diferenciara por completo del resto de la especie humana, como haría un ciudadano de Andrómeda, por ejemplo.



La conciencia de clase y de linaje es la base intelectual para las conductas racistas (aunque no existan tales cosas como razas humanas), en especial cuando se ejercen, de arriba hacia abajo, en las jerarquías de poder. En Europa y los Estados Unidos, el linaje de los blancos caucásicos anglosajones, de la Europa central y Septentrional se jacta de ser la supremacía racial del planeta Tierra y que por origen, linaje o voluntad divina -según ellos- están autorizados a sojuzgar a los demás mortales, a quienes consideran “inferiores”, miramiento que no tiene un fundamento científico.

La supremacía white va ligada a la supremacía de la apropiación de los recursos del planeta y de la especulación financiera a su antojo. Y, de modo paradójico, esa depravación de los recursos, que lleva a la pobreza de los demás grupos humanos por sustracción, la esgrimen como argumento de la falta de emprendimiento de las personas sojuzgadas, en una falsa igualdad de oportunidades. La cita de la jerga de la teoría de Carlos Marx en este momento no es para apoyar el socialismo marxista leninista, sino tan solo para aclarar las categorías de la lucha de clases que este filósofo y economista describió: “El ser social determina la conciencia social”. No es raro que un europeo blanco caucásico (su ser social) determine su conciencia social de clase: se verá a sí mismo como blanco caucásico, con todos los beneficios y prerrogativas que esa conciencia acarrea.

Por el contrario, quien escribe este breve ensayo, y se considera a sí mismo como una mezcla de etnia xinca/española, tiene conciencia de su clase marginal en el mundo y de la dificultad de acceder a los poderes de las élites ya mencionadas, por mucho empeño que tenga en escalar hacia la plataforma de los multimillonarios. De todos modos, no me interesa, y nunca ha estado dentro de mis propósitos existenciales, ser un millonario o multimillonario; lo encontraría demasiado grotesco e inútil.

Para no hacer demasiado largo este escrito, solo me falta decir que nuestros orígenes como especie son aún más asombrosos y reveladores. Aunque sabemos que hay una enorme variedad en la expresión fenotípica de la especie humana: blancos caucásicos de ojos azules, negros de pelo ensortijado, amarillos con epicanto y baja estatura, hispanos brown (morenos), indígenas americanos y australianos, y tantas otras más, el sustrato genotípico es prácticamente el mismo, con variantes irrelevantes. Así que, para rematar, hay que recordar que, de acuerdo a los estudios avanzados de antropólogos calificados, el origen del hombre (Humano, Homo), más allá de su calidad de homínido, ocurrió con probabilidad en el África subsahariana, desde donde emigró y se dispersó en una diáspora increíble hasta colonizar todo el viejo mundo y después todo el planeta.


1.      (Referencia bibliográfica: Martínez Peláez, Severo. La patria del criollo: ensayo de la interpretación de la realidad colonial guatemalteca. Editorial del Fondo de Cultura Económica, México, 1998).

© Omar Sandoval

miércoles, 14 de octubre de 2020

Poema "Llagas de amor" Federico García Lorca

 



Otra vez presentamos 
a la escritora Bia Girotto, que cede 
con generosidad su declamación
 al blog Correveidile.

Hoy nos presenta 
los famosísimos versos 
del poeta español
 Federico García Lorca.

¡Ojalá os guste tanto como a nosotros!

lunes, 12 de octubre de 2020

“Es imposible amar la ópera y no volverte culto”. Entrevista con Manuel Valencia Segarra

El pasado domingo, día 27 de septiembre de 2020, tuve la grata oportunidad de entrevistar a Manuel Valencia Segarra, un gran músico de España, en una charla llena de encanto y música. 



Durante una hora de entrevista, Manuel nos ha hablado sobre su historia, el inicio de su carrera y algunos de los hechos más especiales de su trayectoria. Para empezar, Manuel cree que haber crecido en medio del mundo del teatro y en una familia de cantantes ha sido determinante para su destino. Entre sus experiencias, se acuerda con claridad de viajar muchísimo desde muy joven y recibir sus primeras lecciones de los maestros y repetidores que trabajaban con su madre.

Actualmente, Manuel Valencia Segarra es un renombrado músico y está muy solicitado en diversos países del mundo. Nos comentaba que empezó a tocar el piano a los cinco años y que se graduó con diecisiete. Después de muchos años estudiando piano, empezó también sus estudios de canto y dedicó varios años de su vida a este tema hasta que, por fin, se volcó con la ópera.

En otro instante de la conversación, al preguntarle si se acordaba de algún momento difícil a lo largo de su ya extensa trayectoria, para mi sorpresa nos  respondió que todos los momentos fueron difíciles y que este tema ha sido y es siempre muy discutido entre los colegas de profesión. Manuel enfatizó que, a pesar de todo el reconocimiento durante diversos años de su carrera, vivir del arte es muy difícil y que hay temporadas altas y bajas.

Asimismo, aprovechando el tema de las bajas temporadas, le pregunté cómo se había adaptado al confinamiento causado por la pandemia y si había encontrado alternativas usando internet. Manuel contestó que, sobre todo, en estos momentos está practicando la docencia, dando clases online, así como también escribiendo y componiendo. Por otro lado, está sacando un tiempo para sí mismo, para salir “mejorado” de esta situación.

Por fin, le pregunté sobre su experiencia en China, pues a mí me parecía muy curioso que a los chinos les gustase la música clásica. Manuel comentó que el público chino es muy cálido y entregado. Por otro lado, destacó que la música mediterránea es muy cálida y despierta sentimientos profundos en las personas, independientemente de su cultura.

Esta entrevista virtual fue muy interesante y pasamos un tiempo precioso juntos. Manuel se mostró una persona espectacular y nos ha regalado un poco de su arte musical al final de la entrevista, interpretando un pequeño fragmento al piano. A mí me encanta conocer a personas tan interesantes y por eso agradezco a todos los que estuvieron con nosotros esa tarde de domingo, en especial a Manuel Valencia Segarra y a Laura Alonso Padín, la soprano gallega que posibilitó ese momento.

¡Muchas gracias!

Adrieli Monteiro

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Por primera vez en español, en exclusiva, un poema camaquiano, por Bia Girotto


“Dolió ayer
amo hoy
lejos llegaré
cerca estoy”

Bia Girotto

Bia Girotto, en exclusiva para el blog Correveidile

¿Quieres saber qué es el movimiento camaquiano? La autora protagonista hoy del blog nos lo explica, trasladándonos las palabras que en su día el propio Camac le transmitió:

El poema ‘CAMAQUIANO’ fue creado por el poeta y escritor Camac León, el 7 de julio de 2019. La denominación del movimiento deriva del nombre de su inventor. Se trata de un nuevo estilo poético, caracterizado por una forma horizontal sucinta, en ‘bloque’, conteniendo tan solo 8 palabras (donde lo poco se transforma en mucho).

Las palabras, con elegancia, forman sus ‘pares’ en cada línea en forma de frases breves, de manera que, una al lado de la otra, la segunda va dando más sentido a la primera. Se trata de un ‘poema frase’, con pocas palabras, siempre y cuando haya coherencia poética. En el poema ‘camaquiano’ se escribe con mayúscula tan solo la primera línea, el resto va con minúsculas, con excepción de los nombres propios. Las palabras o nombres compuestos equivalen a ‘una’ palabra.

El poema ‘camaquiano’ no tiene métrica, resulta ser un ‘Poema desenvuelto’. (Desembarazado-libre). En el ‘esqueleto camaquiano’ que es formado, todas las palabras deberán estar una debajo de otra, creando así cuatro líneas situadas en el lado izquierdo, no se pueden centrar las palabras, dejándolas de manera aleatoria, ni usar un espacio interlineado.

No se rima (pero es una opción del autor), puesto que la intención poética es la que da el sentido final, dejando la interpretación a cargo del lector. Una de las reglas es que el ‘camaquiano’ dispensa los artículos (el/la), los pronombres posesivos: ‘mío/mía’ y las preposiciones: ‘de (lo), de (la)’, puesto que se trata de ‘palabras completas’. Asimismo, nótese que: La coma, el punto y coma, los dos puntos y el punto final se eliminan en este tipo de composición y no se pone título, por tratarse de un ‘Poema desenvuelto’”.

Palabras recogidas por el Gacetero

domingo, 5 de julio de 2020

Poema: "ENCUENTRO"


De pronto el día se hace noche
Exhausto de tanto caminar
Ya no tengo más fuerzas
Me detengo a descansar.

Me siento en la acera y me pongo a llorar...
Mi perro va conmigo, mi compañero, mi amigo
Con él paso el día y reparto la ración
Grito de desesperación
¡Oh, vida cruel, hasta cuándo voy a soportar!

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La noche llega furtiva
Y, sin un duro, me pongo a pensar...
Escucho el eco del silencio,
El clamor de mi alma
Y apenas un pedido de calma
Me tranquiliza y me hace dormitar.

Me traslado a otro mundo
Y un destello en lo más profundo
Traspasa mi ser
Y, como por arte de magia,
Me hace renacer.

Mei Santana