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viernes, 8 de marzo de 2024

Entrevista a ILANA CASOY (II): “Siendo mujer, mi sensibilidad hacia la violencia contra las mujeres es evidente”


En el marco incomparable del Día internacional de la Mujer, presentamos esta inolvidable entrevista con Ilana Casoy, para que los lectores del mundo hispanohablante puedan conocer aún más a la brillante escritora y criminóloga brasileña.

ILANA CASOY es criminóloga, guionista y autora de los superventas Arquivos serial killers: Louco ou cruel?, Arquivos serial killers: Made in Brazil y Casos de Família – Arquivos Richthofen e Nardoni, publicados por la editorial DarkSide Books. Asimismo, escribió Bom dia, Verônica en colaboración con Raphael Montes, libro adaptado para Netflix como serie homónima, vencedora del premio APCA (Asociación Paulista de Críticos de Arte) en las categorías de mejor actor, actriz y dramaturgia.

Además de los libros, Ilana es la presentadora del programa Em Nome da Justiça ("En nombre de la Justicia"), emitido por el canal A&E, de Sony Brasil. En la actualidad, vive en São Paulo (Brasil) y escribe guiones tanto para la Televisión como para el Cine, como A menina que matou os pais, O menino que matou meus pais y A menina que matou os pais – A Confissão.

Por otro lado, también es consultora del área de True crime para el sistema criminal brasileño y para documentales, tales como: Elize Matsunaga: Era uma vez um crime, o el más reciente: Isabella: O Caso Nardoni

 

JULIANA: En primer lugar, Ilana me gustaría agradecer tu presencia aquí y, sobre todo, el que compartas con nosotras tu precioso tiempo. Para todas es un honor. Así que, para empezar, Ilana háblame de cómo han sido tus inicios como escritora y qué te ha llevado a escribir sobre el tema de la violencia contra las mujeres.

ILANA CASOY: Bueno… yo empecé como escritora casi al mismo tiempo que cuando empecé a escribir. Yo creo que, quien tiene ese canal, puede utilizarlo profesionalmente o no, pero nunca renunciará al canal. Hay personas cuyo canal es pintar, cantar… pero, para mí, siempre fue lo de la escritura. Para mi generación, era muy difícil que eso fuera un objetivo profesional. Sucedió con algunos dotados de mucho talento, pero para pocas personas eso fue una decisión. Siempre que pienso en eso, me acuerdo de la letra de la canción: “Deixa a vida me levar, vida leva eu” (del cantante brasileño Zeca Pagodinho). Conmigo fue un poco así.

Tengo un hijo que bromea conmigo con una frase conocida: “Mamá, no sabías que no era posible, entonces por eso fuiste y lo intentaste, ¿verdad?”. En una ocasión, él me vio discutiendo con un gran jurista que estaba participando en un congreso, en el cual él también estaba, y me dijo: “¿Estás loca? ¿Estás discordando del fulano de tal?”. Y yo le respondí: “Pero ¿quién es él?”. Y mi hijo, entonces: “¡Mamá, por el amor de Dios!”. Y era un asunto jurídico, pero yo quería entender, pues soy desconocedora en relación al “crimen continuado” (Delictum Continuatum). Y yo estaba discutiendo, puesto que entiendo muy bien el hecho de que, quien roba en una tienda donde venden electrodomésticos, no recibirá un castigo distinto si se lleva un horno o una nevera; pero me cuesta entender lo mismo aplicado a las personas, como por ejemplo en los crímenes de masa, un crimen solo no es un asalto, es gente. Y eso quien me lo enseñó fue un asesino, que me decía: “Doctora, cuando yo descubrí que si junto todo disminuye (la pena), empecé a matar en grupo. Ya empezaba desde la rebelión, con un grupo que estuviese allí, pues si los mataba al momento, mi pena era menor”.

Mucha gente me pregunta cómo he elegido ese ramo del mercado, pero se olvidaron de avisarme porque yo no sabía que era un ramo. No sabía qué era eso en aquel momento, y no debía de estar tan claro en Brasil, porque yo me acuerdo del primer jurado del caso del maníaco del parque, el primero que yo vi, y en el cual participaba el fiscal de justicia Edilson Mougenot Bonfim. Y entonces, yo allí, muy encogida, oyendo sus respuestas a la prensa, fue cuando se levantó una discusión: “¿Cómo vamos a llamar a este caso en Brasil? ¿Matador en serie o asesino en serie? ¿Serial killer?” Ni eso se sabía… Entonces, ¿qué ramo era ese? ¡No era…! Creo que también fue una cosa hacia la que la propia vida me fue llevando.

Me acuerdo aún de una investigación que hice con el psiquiatra Luiz Antonio Gonçalves, que en una ocasión me dijo que en algún momento yo iba a querer entrevistar a esas personas en los manicomios, a lo que yo le respondí: “¡Dios me libre! Tengo muchísimos documentos, tengo toda una biblioteca para investigar, no lo necesito". Pero claro que llegó esa hora, cuando me invitaron a interrogar a un asesino que no confesaba su delito, y yo ya había escrito un libro. Entonces, ahí fue cuando puse un pie en la vida real, y después puse los dos, y claro que el éxito de cada caso te lleva a un nuevo caso. Eso te pasa cuando tienes un índice de resolución tan bueno, sumado a la gestión de investigación; además de cómo conduces todo, porque en Brasil está todo muy segmentado. Por ejemplo: cuando empecé, la pericia nunca había ido a hablar con la fiscalía; se mandaba el informe, se traía el informe, pero yo pregunté: “¿Se puede ir a conocer?” Y me dijeron: “Sí, claro que se puede”. Ahí fue cuando yo empecé a decir: “¿Vamos a conocer el Instituto de Criminalística, Sr. Fiscal, vamos a dar una vuelta?”.

Yo llevé a muchos psicólogos para ver los juicios con jurado, para que vieran qué hacían con sus informes técnicos, ya que cada uno escribe para sus pares, pero se olvidan de que eso va a ser utilizado por otros grupos de personas, que a su vez no van a leer de la misma manera. Así que, desde mi punto de vista, pienso que esa comunicación es la llave del éxito, es decir, la comunicación entre todas las partes. No hace falta tener celos de nadie, ya que criminalística no compite con criminología, ni con la abogacía, ni tampoco con la fiscalía. Todos son lugares diferentes, con enfoques distintos.

Por lo tanto, ese ha sido un camino, pero no sé definir cómo fue… Y, claro, siendo mujer, mi sensibilidad hacia la violencia contra las mujeres es evidente, es importante, y es una percepción diferente porque el machismo en Brasil es tan estructural, que pasa totalmente desapercibido, lo cual es impresionante. En la actualidad se ha mejorado mucho, bromas y cosas graciosas de las cuales nos reíamos todos, porque yo también era machista. Tengo dos hijos hombres e hice un enorme esfuerzo, porque claro que yo también cargo todo el peso de lo que aprendimos en los años 60, cuando concordaba con mucha cosa, diciendo una cosa y haciendo otra diferente. O sea, ¿cuál es el mensaje?, ¿lo que estoy diciendo o lo que estoy haciendo? En la casa de mi abuela, la pechuga de pollo era de su marido, y no se discutía al respecto, y yo bromeaba diciendo que menos mal que a mí no me gustaba esa parte del pollo. Pero eso no era una broma, debería haber dicho otra cosa, entonces yo también fui aprendiendo.

Pienso que, sobre eso, Brasil ha mejorado mucho, si lo comparamos con el escenario de hace 20 o 30 años, ya que el asunto se ha ido emergiendo, opino que las personas son mucho más conscientes del entorno y de los tratamientos. Creo que aún necesitaremos gritar mucho, para solo después llegar a un equilibrio, aunque muchos insistan en que a veces se exagera; pero sí, hay que exagerar para que las cosas se generen conscientemente, para alcanzar después un lugar en la mitad. No obstante, creo que sí, que ha ido mejorando. Las mujeres siguen obteniendo mejores lugares en cierta proporción -aunque todavía no sea la ideal-, un lugar mejor que el de mi generación, que es una generación que se ha quedado dividida. Nosotras nos casábamos y ganábamos un sueldo menor que el de nuestros maridos, y nuestro dinero no importaba tanto para la economía de la pareja. Hoy veo a mi hijo y a mi nuera y lo que pasa es que dividen casi por igual los gastos, o sea, a lo mejor es 40-60, pero no es posible renunciar a la renta femenina como en mi generación, cuando nuestros sueldos servían para menudencias.

Según mis vivencias, durante la primera entrevista que hice, porque también estoy formada por la Fundación Getulio Vargas y una de las áreas en las que me formé fue en producción (a mí me gustan las fábricas), me acuerdo muy bien que el entrevistador nada más conocerme me dijo: “Mira, si fueras hombre, te contrataba ya. Pero es una pena, porque te vas a casar, vas a tener hijos y eso no va a funcionar”. ¡Entonces, era eso!

JULIANA: Bien, siguiendo en esta línea, desde que has empezado a escribir y a profundizar en la cuestión de la violencia de género, como bien has mencionado, crees que las cosas han mejorado en Brasil. Pero, en relación a las penas para los que practican estos tipos de delitos, ¿qué es lo que piensas que, en efecto, ha mejorado? Piensas que falta todavía mucho por mejorar, o no, y cuáles serían los próximos pasos.

ILANA CASOY: Creo que primero habrá que ver hacia dentro, para las cuestiones femeninas de encarcelamiento, para las cuales hay poca luz hoy en día, y sobre las cuales habrá que pensar. Por ejemplo, una madre que amamanta a su hijo durante 6 meses en prisión, después de ese tiempo le es retirado el hijo, pero qué pasa si tiene una pena larga… Y se comenta: “¡Ah, pero la prisión es un lugar malo para el bebé!”, ¡Sí que lo es! Y se insiste: “¡Ah, pero dejarlo sin la madre tampoco es bueno!” Sí, también es verdad.

Después, hay cuestiones de alienación parental (cuando el niño experimenta una pérdida extrema, en la que desaparecen de su vida tanto el progenitor, como sus abuelos y los amigos y parientes de este progenitor. Así que el niño no puede reconocer esta pérdida, ni tampoco estar en duelo por ella), que es otra cuestión que va a tener que ser discutida sobre estos largos encarcelamientos. Porque estas medidas, ¿realmente serían las respuestas? ¿Un largo encarcelamiento es lo que va a inhibir de delinquir o la seguridad de que no vale la pena, de que uno va a ser identificado? Entonces, hoy en Brasil hay unos índices de solución de delitos aún malos, no vamos a hablar solo de homicidios, sino de criminalidad en general. En ocasiones merece la pena, ya que, por ejemplo, pensando en hurto, robo, en asalto,… el índice de solución de aquello es tan bajo que, a veces, la posibilidad de que te cojan es mayor que la de abrir una empresa y que tenga éxito, entonces tenemos estas cuestiones.

Por eso, creo más en el dinero invertido y el discurso invertido en la investigación y en la resolución de los casos, solo para cerrarlos, que en el aumento de las condenas. Yo nunca he visto a un grupo de delincuentes discutiendo las penas antes de un robo. ¡Nunca lo he visto! Nadie se queda allí discutiendo, si merece o no la pena, de acuerdo con la condena. ¡No existe esa opción! La criminalidad es mucho más profunda que eso. Se puede pensar: “¡Ah, vamos a aumentar la pena!” Sí, se puede aumentar, pero no me parece lo ideal. No creo en cadena perpetua, como tampoco creo en el poder del Estado contra asesinatos, porque no sé quién va a estar allí y qué va a decidir sobre eso. Y cuando sea mi vez, ¿quién va a ser? ¿Quién va a decidir sobre mi vida? Aún prefiero considerar la parte de la creencia: “Lo que Dios decida, es mejor”.

Ahora bien, en lo referente al universo femenino, estamos aún tan atrasados en relación al universo penal femenino, que todavía estamos discutiendo el derecho a absorbentes higiénicos en las penitenciarías. ¿Cómo se va a discutir el resto? Entonces está bien, podemos llenar a un hombre de penas… Claro que estoy a favor, está la cuestión del feminicidio, etc., pero también tenemos que pensar en las demás cuestiones, porque todavía tenemos a mujeres que siguen luchando por el derecho a lo básico, como compresas higiénicas en las prisiones, lo que es inconcebible y no puedo ni imaginar una situación como esa. ¿No es un derecho adquirir? ¡¿Y es verdad que no tienen?! ¡Es verdad!, imagínate el absurdo que se vive… y creo que cada uno en su sitio. Opino que tiene que haber una cuestión de ponderación. Nuestra justicia (la brasileña) no es vengativa, por lo menos filosóficamente hablando, como por ejemplo lo es la sajona. La nuestra tiende a la reintegración, a la reinserción, es multidisciplinaria. Me parece que cada uno tendrá que luchar, pero opino que no es solo una cuestión de castigo para los que matan a las mujeres, creo eso que es reducir, una vez más, la condición femenina en la cuestión penal. 

JULIANA: Y ya para finalizar, pero volviendo a la cuestión de las mujeres como víctimas de violencia, según tu opinión y experiencia, ¿qué es lo que crees que afecta más a una mujer que decide no denunciar a su agresor o ese episodio de violencia, en fin, toda esa situación por la cual ella pasa?

ILANA CASOY: El miedo. Da mucho miedo salir de la caja, como Janete (coprotagonista de la novela y serie homónima de Netflix, Bom dia, Verônica). Da mucho miedo. La víctima prefiere el problema que conoce y que piensa que puede controlar, porque uno no sabe qué va a suceder si se cambia esa realidad. Ellas piensan: “¿Y quieres saber? No es algo tan grave, hay días mejores”. Esa resignación de quien está disminuido. Las mujeres son entrenadas para resignarse, y es interesante porque se sufre un entrenamiento, pero cuando hablo de la exclusión, también me refiero a eso.

Cuando visité la favela de la Rocinha (en Rio de Janeiro), también vi mucho de eso. Allí encima es otro código penal, moral y ético, es todo diferente. Los jóvenes están tan felices allí encima porque tienen tanto poder… tienen el tenis de moda, el fusil cruzado, el Ipod, Ipad, Iphone… Y tú, ¿de verdad, quieres decirles a ellos que no pueden tener todo eso? ¿O que eso no está bien debido a su condición? Es todo tan difícil y ahí es otro código también, claro. No estoy defendiendo que obtengan eso de formas no legales, pero hay que diferenciar esa cosa de entender y qué hacer. No estoy concordando, no creo que no tenga que pasar nada, pero comprendo cómo es difícil para una mujer, que solo existe.

Vamos allá, cuántas mujeres tienen órdenes de restricción, algo que es bueno, pero ¿cuántas veces eso no funciona, puesto que no hay un control? Se le pone una tobillera, ¿y?… Ya oí tantas historias, también el destino me ayuda. Una vez, fui a una barbacoa y había allí una mujer que trabajaba en la supervisión de estas tobilleras electrónicas, ¡imagínate! Me contó cada historia… de quienes se las ponían a las gallinas, a gatos, ¡es maravilloso!, entre comillas, es decir, es todo demasiado difícil. La supervisión que ella realizaba en São Paulo, electrónicamente, en uno de sus turnos en la empresa en la que trabajaba, ella controlaba en uno de sus turnos el Estado de Amazonas, o sea, ¡ni podía salir corriendo! Ella tenía que accionar a la policía, ya que ni una acción individual era posible. 

Janete, dentro de la caja...

Nosotros vemos muchos episodios así, tenemos mucho miedo, pero creo que combina con la respuesta a la pregunta de si un cuerpo de policía bien formado puede ayudar, y tendremos que encontrar orientaciones no tan formales tal vez. Cierta vez, hace muchos años, visité una ciudad de Estados Unidos que era increíble: un centro donde estaba la comisaría de policía, la fiscalía, el apoyo psicológico y donde ya funcionaba también un refugio para ellas, es allí donde ellas ya van a ser encaminadas y era maravilloso, pero hasta tener todo eso en Brasil, ¿cómo será? Sin embargo, es importante, porque uno ya tiene todo el apoyo en el mismo lugar.

Ahora, una mujer hoy en día, que está sola en su casa, en la oscuridad, siendo golpeada, dominada con violencia patrimonial, no tiene dinero para nada, ¿cómo podrá ir a la policía, con valentía, para poner una queja contra su agresor? Me parece trágico como es algo inejecutable. Además, el ser humano tiene esa pésima manía de que cree que va a conseguir probar un cigarrillo y no se viciará; que va a beber, pero sin emborracharse; que va a conducir borracho y no chocará el coche y que va a conseguir contornar al marido que le pega. Y va a morir… en todos los casos anteriores.


Hasta aquí, otra parte de la entrevista con Ilana Casoy realizada en el Instituto Cervantes de São Paulo (Brasil). Le agradecemos a la escritora, y a todo el equipo que nos acompañó, su tiempo y su buen hacer para concienciar a la sociedad sobre la importancia de la educación y sacar a la luz temas tan urgentes como la segmentación de la cuestión de la violencia contra las mujeres.

Ms. Juliana Sarti

lunes, 26 de febrero de 2024

Entrevista a Ilana Casoy: “Escribir es 99% de sudor y 1% de inspiración”

        ILANA CASOY es criminóloga, guionista y autora de los superventas Arquivos serial killers: Louco ou cruel?, Arquivos serial killers: Made in Brazil y Casos de Família – Arquivos Richthofen e Nardoni, publicados por la editorial DarkSide Books. Asimismo, escribió Bom dia, Verônica en colaboración con Raphael Montes, libro adaptado para Netflix como serie homónima, vencedora del premio APCA (Asociación Paulista de Críticos de Arte) en las categorías de mejor actor, actriz y dramaturgia.

        Además de los libros, Ilana es la presentadora del programa Em Nome da Justiça ("En nombre de la Justicia"), emitido por el canal A&E, de Sony Brasil. En la actualidad, vive en São Paulo (Brasil) y escribe guiones tanto para la Televisión como para el Cine, como A menina que matou os pais, O menino que matou meus pais A menina que matou os pais – A Confissão.

        Por otro lado, también es consultora del área de True crime para el sistema criminal brasileño y para documentales, tales como: Elize Matsunaga: Era uma vez um crime, o el más reciente: Isabella: O Caso Nardoni

Con parte de su obra ya traducida al francés, al alemán y, muy pronto, también al rumano, solo nos preguntamos cuánto tendremos que esperar para poder leerla, finalmente, en español.

Libro: Casos de familia: archivos Richthofen y Nardoni

El blog CORREVEIDILE la ha invitado para que, en la Biblioteca del Instituto Cervantes de São Paulo, nos delinee parte de su extensa trayectoria y así abrir, por primera vez en español, una puerta llena de sabiduría y experiencia que, seguro, servirá para todas esas mujeres que son víctimas de algún tipo de violencia, pero que aún continúan silenciadas. Para todas ellas, va dedicada esta entrevista:

Correveidile: La primera pregunta está relacionada con la novela Bom dia, Verônica (hecha serie en Netflix, pero cuya obra está sin traducción al español), donde abordas con discreción la violencia patrimonial con el magistral personaje de Janete, pero también lo haces en el documental (de Netflix), en el que vuelves a mencionar este tipo de violencia en el denominado “Caso Nardoni”, esta vez a través de la figura de Ana Carolina Jatobá. ¿Puedes dar algunas ideas iniciales para identificar la violencia patrimonial que ya está empezando a ser juzgada con más severidad en Brasil?

ILANA CASOY: Es cultural, muy cultural. Hay que darse cuenta de que en una sociedad en la que una mujer tiene que pagar una dote para casarse, ya está claro. Yo pago para que ese marido se case conmigo… y eso se aplica en varias culturas en las que hay que pagar dotes. Por ejemplo, en la cultura judía, el papel del hombre es estudiar y el rol de la mujer es dejarlo libre para que él estudie. Entonces, con la violencia patrimonial la víctima tarda mucho más en darse cuenta, por increíble que parezca, porque una bofetada deja un hematoma en el rostro, pero la violencia patrimonial no deja marcas.

A partir de aquí, se abren un sinfín de cuestiones, como por ejemplo que falte lugar para las mujeres en el mercado de trabajo. Esto es un problema porque cómo no va a tener el dominio patrimonial de su pareja, si ella no consigue un lugar  para trabajar. Y cuando ella logra un trabajo igual, no tiene un salario igual. A esto se suma la cuestión de la maternidad, cuando llegue el momento de la baja laboral, si solo ella tiene la baja y el marido no la tiene en la misma proporción, entonces solo ella tendrá que faltar al trabajo porque él seguirá trabajando. Por lo tanto, hay muchas pequeñas cuestiones que acaban llevando a pequeñas violencias patrimoniales.

Primera temporada, con la presencia del personaje de Janete

Si, al final, se analiza la historia de Ana Carolina Jatobá (“Caso Nardoni”), uno se coloca ya en el extremo, se trata de una mujer que, hasta en la cárcel, tenía que pedir dinero para compresas higiénicas. Esta es una cuestión muy fuerte porque, en el propio documental sobre el mencionado caso, vi muchos testimonios sobre que la pareja nunca se había peleado, que ellos se escribían hasta hoy… pero, ¡es lógico!, ella no tiene ni un duro para pagar un autobús. Yo haría exactamente lo mismo. Si es consciente o inconsciente…, pero es bueno que la víctima tenga miedo, es bueno que entienda quién manda. ¿No existe el viejo refrán: “Manda quien puede, obedece quien tiene juicio”? Es mucho de esto.

Aún más cuando se trata de tu supervivencia (sea física o psíquica,…) o de la custodia de tus hijos… estando en un país donde la tradición es que la opinión del hombre esté aún por encima, al afirmar que la madre no sirve para nada, que no tiene una cuenta con ingresos adecuada,… ¡Obvio que se ha mejorado!, pero no ha pasado, allá en el fondo continúa una musiquita extraña sonando.

¿Y cómo se trata diferente?... Simplemente, se trata muy diferente a un hombre mayor que sale con una chica 20 años más joven que él, que a una mujer mayor que sale con uno 20 años menor que ella. De ella se van a reír, a burlar y le van a poner hasta apodos. Todavía hay mucho camino que recorrer.

Así que estos pequeños recados en series de ficción a mí me gustan mucho, porque fíjate qué interesante, en el caso del personaje de Janete, si tú Marta (entrevistadora), desde fuera casi no lo has percibido; la protagonista tampoco se ha dado cuenta. Ella no se ve como una víctima de violencia, pero quizá mi nieta lo vea con más claridad y me preguntaría: “¿Cómo no tiene dinero, abuela? ¿Ella no trabaja, no tiene formación, no estudió en la Universidad?”. Entonces, tal vez esa percepción sirva para que se dé cuenta de cómo es una rehén también, más allá de todo, de ese mundo tan masculino y machista, así que eso me parece importante.

Y en el documental del “Caso Nardoni”, fue interesante, porque ese comentario acabó causando una polémica y para mí era tan evidente… Pero me doy cuenta de que las personas no pensaron en cómo esa joven (Ana Carolina Jatobá) tenía un dominio financiero total por parte de la familia del marido y en aquella época ya lo tenía. Si uno se tomara el tiempo necesario para leer el proceso judicial, es que es difícil, porque esa chica tenía una depresión postparto… Uno se puede preguntar: “Ilana, ¿pero ella es inocente?, ¿estás exculpándola?” ¡No! Pero sí que existen, en el caso, cuestiones que explican mejor la violencia que nace en ella que la que nace en él, ¡eso sí! Existe una diferencia, hay grados, es como la psicopatía.

La psicopatía hoy es moderna, todo el mundo es psicópata o no lo es, pero la ciencia no funciona así. Hay una gradación, algunos grados son hasta benéficos o necesarios en ciertas profesiones, otros grados llevan a lo abominable. Y en el crimen es igual, hay que analizar con lo que estás lidiando allí, con una mujer. Lo que me resulta interesante es que todo el mundo creía, cuando vio la entrevista de la pareja, que ella, porque hablaba más, era dominante. ¡Atención! Un nivel de ansiedad tan alto por estar en una entrevista en un canal nacional de televisión (en Brasil) puede estar mostrando exactamente lo contrario. De repente, ella tenía un espacio para hablar, tal vez ella no lo tenga nunca, eso genera esa ansiedad de hablar, hablar y hablar… porque ella no sabe cuándo va a tener otra oportunidad. En general, no eran para ella las preguntas, eso también quedó bien claro. 

Correveidile: Ilana, tú siempre analizas con detalle las fotografías de los peritos…

ILANA CASOY: Con las fotos del piso de esa pareja (Caso Nardoni), para mí quedó claro que eran las fotos de la desorganización de ella. El piso era un caos, ropa por la mesa, sobre la mesa y debajo de la mesa. Yo no sé muy bien dónde comían, me quedé pensando dónde ponían los platos, por ejemplo, porque todo estaba muy lleno de cosas. Esas cosas que están encima, tampoco están separadas por tipos, era cualquier cosa, cualquier cosa que está en todo lugar. Y no estoy hablando de suciedad, no es eso a lo que me refiero, el piso puede estar limpio, yo hablo del desorden. Y, muchas veces, nuestras casas son un poco la fotografía de lo que va dentro de cada persona. Esas fotos indican que la situación no era buena, que era una pareja que no estaba bien, no estaba estructurada. Por las fotografías del piso, ya se puede uno dar cuenta de que había una carga de problemas previos.

Correveidile: ¿Cómo ves y analizas el panorama actual, en Brasil, para las escritoras de libros de true crime o asesinos en serie?

ILANA CASOY: Escribir libros es lo que más me gusta, porque yo soy mandona y mando en todo, además es barato. Por ejemplo, un camión explota, como dice mi compañero de pluma Raphael Montes, en el libro cuesta una línea, en el (mundo) audiovisual cuesta millones. Entonces, escribir libros es muy agradable… solo que no se puede comparar el dinero del mercado literario con el del audiovisual, con las emisiones en continuo, y con todo lo que está sucediendo. ¿Cómo se subsiste?

Además del machismo, yo ahora estoy conociendo un nuevo problema, con el que quiero empezar a entrar en la Literatura, que es el edadismo porque yo soy una mujer 60+. Entonces, si yo estoy en una sala de guiones, yo ya trabajé en una sala donde todo el mundo era de menos de 40, y alguien cambia el nombre del personaje, el que lo hace es distraído, pero si lo cambio yo, es la edad. Si tengo dolor de espalda, estoy vieja. Eso, sin contar con la cuestión de género. A veces te pones tan dura, que incluso la gentileza te irrita. Por ejemplo, no soporto que vaya un hombre a mi lado en el avión y me diga, deja que yo te coloco la maleta en el maletero. ¡Nooooo! Yo hago gimnasia para poder levantar mi maleta y colocarla en el maletero del avión. ¿Está siendo gentil? ¡Claro que es más fácil para alguien de 1,85 m colocar la maleta allí encima que para mí! Pero, en fin,…

Yo creo que tenemos que luchar por el edadismo, en la actualidad morimos mucho más tarde, así que para tristeza de muchos nos quedaremos más tiempo por aquí. Además, existe la pelea del propio guionista como profesional en sí, se está viviendo una huelga importante en EE.UU. por causa de derechos de autor, que es otra cuestión, estamos discutiendo en internet, en el Congreso, en la justicia, cómo es ese marco, habrá o no, es bueno que haya… Creo que estamos en un momento en el que se están revisando todos estos papeles y tendrán que ocurrir grandes discusiones. Yo espero que políticamente nadie se reúna en la oscuridad para que sea una discusión de la sociedad. Y me parece increíble el trabajo que vosotros realizáis, justamente son trabajos así que acaban siendo enormes porque levantan núcleos de discusión con personas que sí forman opinión y levantan cuestiones.

A veces, la pregunta es más importante que la respuesta y hay cuestiones para las que no hay respuesta, pero existe esa pregunta que mueve. Y es pequeño el reflejo, pero no importa, personas que son así, que no paran, que están reunidas aquí por la noche, después de un día de trabajo común, para pensar cuestiones que raramente son discutidas. Y si estos pequeños grupos estuvieran esparcidos por todo el mundo, en varios países, en varias organizaciones,… es eso lo que es necesario alimentar, que no se resuma todo a discutir política y fútbol, la política de la que hablo es elecciones y poco más…, que se discuta hacia dónde vamos, como el discurso que profirió recientemente el presidente de la ONU: “La ONU tiene que escoger quién quiere ser y qué va a hacer”. Nosotros también debemos hacer eso, no somos la ONU, pero tenemos que escoger qué queremos hacer.

En resumidas cuentas, claro que la vida es un equilibrio entre el presupuesto con el que cuentas (ya voy alertando que nadie se hace rico escribiendo, tal vez Stephen King, pero son excepciones que confirman la regla, en general no funciona así) y entender qué sucede en el mercado a tu alrededor y si tiene mucho éxito el prospecto de medicamento yo también lo voy a escribir. Este año paré todo para escribir un libro que quería, porque en medio de todo esto yo me divorcié, cambié de condición, necesitaba encontrarme, empecé a trabajar más duramente,… Pero entonces, ¿hasta cuándo lo voy a posponer? 

Ahora escribo sobre un caso que transitó por los juzgados en 2022, que es el caso de Gil Rugai (condenado por matar a su padre y a su madrastra). Pero, además, ya escribí sobre el caso Richthofen, que acompañé a través de la policía y de la pericia; después escribí sobre el caso Nardoni, que acompañé por la fiscalía; y ahora el caso Gil Rugai que lo he acompañado por la defensa. En esta tercera opción he dado un giro, al escribir sobre estos "casos de familia", puesto que aquí presento una visión con un enfoque diferente.

Pero necesito sentarme, necesito tiempo para hacer esto, porque es verdad que escribir es 99% de sudor y 1% de inspiración, es muchísimo trabajo. Por ejemplo, a veces cosas no tan intelectuales, como transformar un archivo de Pdf en Word, me quita mucho tiempo porque no tengo el programa y necesito buscar ayuda. También el acto de escribir, adoro esa parte en la que me digo: “Ay, voy a pensar qué voy a poner aquí, que sea una idea genial…”, pero el resto, es el proceso de escritura en sí. A lo mejor tienes que leerte cinco o seis mil páginas para, con mucha suerte, acabar escribiendo cien. Entonces, todo esto son elecciones. Y, asimismo, existe el propio equilibrio de la vida, nadie te va a enseñar. ¿Acerté? Mucho arrojo, muchos errores; poco arrojo y mucha cobardía, no te equivocas, pero tampoco aciertas. Difícil equilibrio.

Correveidile: La despenalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación, con independencia de las circunstancias, es algo de lo que se ha comenzado a hablar de manera reciente en Brasil, pero todavía no existe un proyecto de ley sobre el que discutir. La actual exministra y expresidenta del Supremo Tribunal de Federal de Justicia (STF) Rosa Weber mencionó que: “es uno de los temas jurídicos más sensibles y delicados, porque involucra razones éticas, morales, religiosas, de salud pública y de tutela de derechos fundamentales individuales”. ¿Cómo valoras esta reciente iniciativa?

ILANA CASOY: En relación a este tema, escuché a varios comentaristas afirmando lo siguiente: “Hay un grupo político de conservadores que quieren que nuestra Constitución sea la Biblia y no es la Biblia, incluso porque la Biblia es un elemento cristiano o judeocristiano, no va a abarcar todas las religiones y qué vamos a hacer con las otras”. En Brasil cabe recordar que el Estado es laico, pero entonces, al mismo tiempo que la ministra está hablando sobre la despenalización del aborto, el Congreso discute sobre no permitir más que personas del mismo sexo se puedan casar, cuando ya es posible hacerlo. Así que hay mucha tela que cortar todavía.

No puedo hacer mucho spoiler, pero en la tercera temporada de la serie Bom dia, Verônica (“Buenos días, Verónica”), de Netflix, se pone de relieve una cuestión que todavía no ha sido discutida sobre este campo, así que la gente puede verla para entender esta idea. Creo que existen muchas situaciones que aún no se han entendido. Deliberar dónde nace la vida es una de las mayores discusiones filosóficas, religiosas, jurídicas,… del mundo.

Cierta vez, hablando con un psiquiatra, le pregunté por qué eran los 18 años para la mayoría de edad penal, por qué no los 17. Y él me respondió que porque se tenía que fijar el marco legal en algún momento y eso se hizo en los 18. Y es eso, 18 años y un día no es diferente de 17 años y 364 días, pero tienes que poner una marca, tienes que establecer un marco. No quiere decir que sea verdad, es solo la línea. Y se va a colocar la línea lo más próxima a la realidad de la mayoría. Con todo esto, lo que quiero decir es que, si se prestase más atención a las estadísticas del número de mujeres que mueren realizando abortos clandestinos, esa decisión sería más fácil. 

Por ejemplo, la ciudad de São Paulo tiene un número altísimo de muertes, me refiero a millones de abortos clandestinos por año: muchas mujeres mueren por eso, los hijos se quedan huérfanos porque, a veces, ellas ya tienen más hijos; no son solo jóvenes que son llevadas porque se quedan embarazadas. En ocasiones, estamos hablando de mujeres que no pueden más mantener a otro hijo y ellas se arriesgan sin médico, sin higiene, sin cuidados, sin responsabilidad (porque nadie va a responder por ellas). Entonces, creo que la desesperación no puede ser vista como crimen. 

Esto es diferente de discutir la cuestión individual sobre si yo lo haría o no, no le interesa a nadie. Esta es una cuestión de cómo el Estado va a tratar a esa mujer en esa situación precaria, en la cual ella necesita exponerse a un riesgo tan graveeee... para no tener a ese hijo, muy lejos de la idea liviana: “Ah, no me apetece tener este hijo”. No es de eso de lo que se trata. Ahora bien, acompañado de eso hay que proveer una mejor condición para que ella, de hecho, pueda decidir y que el proceso se vuelva una elección (quiero o no quiero) y no una necesidad (no consigo, no puedo).

Correveidile: En una de tus entrevistas, mencionabas que uno de los primeros asesinatos de los que oíste hablar en tu casa fue el del presidente Kennedy, cuando todavía eras una niña. ¿En qué caso te hubiera gustado que te invitaran para investigar?

ILANA CASOY: No me gustaría que me invitaran a ninguno nunca, porque cuando me llaman ya está todo fatal, ya mató a tres o a cinco, nadie me llama al inicio cuando es posible hacer lo mejor. Cuando me llaman ya hay muchos riesgos, entonces yo prefiero no trabajar así. Claro que, cuando acepto y me ponen allí, que nadie me saque del caso, que yo quiero encontrar al culpable y me voy a quedar siempre hasta el final. Ahora bien, cuando uno está en un caso de la vida real es muy diferente. Del mismo modo que me preguntan a mí cómo puedo dormir, eso mismo se lo pregunto yo a los policías, que están muy cerca del caso, porque es una angustiaaa… Ellos saben que el sujeto va a volver a matar y va a pasar cualquier día. Entonces, tú sabes qué va a suceder, pero todavía no has entendido bien quién es ese sujeto. Así que esa angustia de la investigación te paraliza. Una vez trabajé en el caso de un asesino en serie, llamado “Monstro da Ceasa” (Monstruo de la Ceasa), de Belem do Pará (Pará, Brasil), que mató a varios adolescentes y el cual se tardó casi un año en ser detenido.

 Correveidile: Ilana, muchísimas gracias por haber dado tu testimonio desinteresado sobre tu experiencia como criminóloga y escritora.

***

        Hasta aquí, la entrevista realizada a Ilana Casoy. Sin ningún género de dudas, poder sentarse a hablar en exclusiva con esta criminóloga brasileña tan reputada, hoy por hoy, es uno de los mayores privilegios que una profesional de la educación como yo ha podido tener. Como ella misma suele afirmar, el mundo solo se cambia desde la perspectiva del diálogo y la educación, la comprensión y el amor. Ilana es un gran pozo de sabiduría que ha sabido extraer de las experiencias vividas más duras lo mejor, para mostrar(nos) que es posible el cambio, aunque nunca sea por el camino fácil. ¡Muchas gracias por tan magistrales palabras, Ilana!

Dra. Marta Pérez Rodríguez

domingo, 7 de mayo de 2023

Primera entrevista a Ledicia Costas desde Brasil: “El éxito es vivir de aquello que te entusiasma” (II)

 Sigue, a continuación, el final de la entrevista a la escritora española Ledicia Costas. 

Si te perdiste la primera parte, puedes leerla pinchando aquí.


Alex (Correveidile): ¿Cómo es tu proceso para escribir un libro para niños y para adultos?

LEDICIA: Bueno, dicen que hay dos tipos de escritores, escritores de brújula y de mapa. Los escritores de mapa son superordenados, tienen el diseño de personajes, una escaleta perfecta, saben qué va a suceder en cada capítulo y creo que eso les da seguridad a la hora de empezar a escribir la historia. En algunos casos, creo que igual se tarda casi, casi tanto en armar ese diseño inicial que luego en escribir la novela. Y están los escritores y escritoras de brújula, que somos aquellos que tenemos una especie de brújula con una aguja imaginaria que va marcando un norte, que es el norte de tu texto.

Yo soy una escritora casi híbrida, pero soy más de brújula, es decir, yo tengo como 3 o 4 ideas iniciales y, a partir de ahí, empiezo a escribir la historia. ¿Esto qué supone? Primero es un proceso más caótico, más desordenado, pero creo que también es más libre; de alguna manera, porque no tengo esos propios marcos iniciales que me impondría a la hora de armar una historia. También creo que es más cómodo escribir teniendo un mapa. Y a mí me gustaría ser capaz de escribir con un mapa, pero no consigo más que una pequeñísima guía con, a lo mejor, 3 o 4 ideas que voy desarrollando sobre la marcha.

Por ejemplo, con Escarlatina, que es un libro infantil, el humor es macabro, justo es un viaje al inframundo de un niño que está vivo y se va al mundo de los muertos… Pues lo único que tenía en la cabeza, para simplificar lo que estoy diciendo, era escribir un libro donde la cocina y los fantasmas fuesen de la mano. Así que ideé una ruta gastronómica por el inframundo, con un niño que echa de menos a su abuelo y ese es su motor para viajar al inframundo, a través de un curso de cocina que pide por internet -y pide el más barato porque están pasando en su familia por problemas económicos- y el curso que le llega es una cocinera que está muerta, “la cocinera cadáver” que habita en el inframundo, y él la arma con las instrucciones y allá se van.

Pues todo este mundo que creé, lo hice sobre la marcha en realidad, porque así escribo yo, sobre la marcha. Me gustaría ser más ordenada, pero el instinto manda en mi caso y me dejo llevar por él. Ya pienso que no tengo remedio en este sentido, porque, aunque lo intente y fuerce una escaleta perfecta, ya cuando voy por el tercer capítulo, ya veo que no he respetado la escaleta, que me voy por otro lado y allá me dejo ir, no tengo remedio para eso. (risas)

Premio Nacional de
Literatura Infantil y Juvenil, 2015

Alex (Correveidile): Tus historias y tus personajes, ¿son reflejo de la realidad donde vives o simplemente la deformas o todo es fruto de tu imaginación?

LEDICIA: Todas las respuestas a esta pregunta son afirmativas. Es una combinación de todo esto que tan bien acabas de explicar y de poner sobre la mesa. Muchas veces, las historias son de algo que ha pasado, alguien a quien he conocido o una anécdota y yo deformo esa realidad y la lleno de fantasía, y, al final, acaba transformada en una cosa completamente distinta y el origen parece imposible explicarlo… decir: es que esto ha nacido de aquí.

Tengo muchos libros que están llenos de experiencias personales y de lugares que he conocido o conozco bien. Por ejemplo, la localización de Infamia, Merlo, es uno de los sitios donde yo me crié, ese bosque verde, esa niebla, ese monte, ese clima que parece que se respira y se te acaba metiendo dentro… O los institutos que describo en mis novelas juveniles, pues son mis institutos. También ese embalse que describo, con ese bosque que lo rodea, en Golpes de Luz, en esas escenas infantiles de Sebas y sus amigos, es un entorno que yo conozco muy bien. ¿Y por qué lo hago así? Bueno, creo que es más honesto, desde mi punto de vista, escribir sobre aquello que yo manejo. Para mí, es más creíble escribir desde un lugar que yo conozco bien.

Sin duda, es cierto que tengo novelas, como La balada de los unicornios, donde describo un Londres completamente distópico, pero eso es también como una deformación de la realidad. Sin embargo, me siento más cómoda cuando esa ubicación yo la domino y la conozco. Luego la lleno de fantasía, de cosas que no existen. Me gusta crear mundos, me encanta crear universos que son una mezcla de todas estas cosas que acabas de comentar. 

Fotograma extraído de:
https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2019/12/05/infamia-de-ledicia-costas/

Alex (Correveidile): Golpes de Luz es un libro en el que los personajes van contando la historia bajo sus puntos de vista... ¿y qué más se encuentra el lector?

LEDICIA: La verdad es que fue todo un reto construirla así. Al final, es una novela donde la cámara se va alternando en tres voces, además, tan apartadas generacionalmente hablando, porque estamos hablando de una mujer de 80 años, un niño de 10 y una mujer alrededor de los 40. Entonces, claro, las voces tenían que ser radicalmente distintas, porque no es lo mismo una mujer casi sin estudios de 80 años, que un niño de 10 o que una mujer de 40 con formación universitaria.

Yo quería construir una novela coral con dos voces que no suelen estar muy presentes en novelas para el público adulto, que son la de las personas que tienen ya una edad avanzada y una edad infantil, y me pareció muy importante representarlas. Entonces, a veces pensaba y me decía: “Esto es el más difícil todavía”. Hay que hacer una novela coral, pero en la que tiene que haber una voz infantil y, además, tiene que haber también una voz de una abuela… y esa voz de la abuela se tiene que desdoblar en dos, porque ella escucha la voz de su madre, y no se sabe si ella está a caballo entre la demencia o si la imagina, o si la escucha de verdad, o si miente…

Entonces, eran todos retos, retos, retos y el esfuerzo para escribirla, lo confieso, fue brutal y hubo momentos de muchas dudas, de muchas inseguridades, algo que yo creo que también es importante verbalizar. Escribir una novela es como un viaje en el que a veces estás arriba y te dices: “Me siento segura con lo que estoy escribiendo”, pero al día siguiente lees lo que has escrito el día anterior y te dices: “Dios mío, esto no se sostiene, tengo que reescribirlo de nuevo”. Entonces tienes que luchar contigo misma, es decir, a veces hay que frenar porque está bien la autocrítica, pero poniendo unos límites, como la coherencia. Sin embargo, al final, viendo el resultado, todo esto merece la pena, la verdad es que sí, aunque el esfuerzo sea tan importante. 


Alex (Correveidile): Siguiendo por este camino, ¿qué es lo mejor y lo peor de tu vida literaria?

LEDICIA: Primero, yo creo que soy una afortunada, hablo desde ese punto de partida. ¿Por qué? Porque he convertido aquello que más gusta hacer, que es construir historias, en mi profesión. Yo vivo en exclusiva de la Literatura y, en ese sentido, creo que tengo un privilegio, pero es un privilegio fruto del esfuerzo y de tomar una decisión arriesgada, que fue dejar mi carrera como abogada, en el bufete donde yo trabajaba, para dedicarme en exclusiva a la creación literaria. Y lo mejor es eso, que le dedico muchísimo tiempo a aquello que más me gusta hacer. Y admiro mucho a los escritores y escritoras que tienen otra profesión y, en los ratos libres, consiguen encontrar tiempo para escribir, me parece dificilísimo conseguir armar una novela robándole horas al tiempo libre, eso yo no tengo que hacer. 

¿Y qué es lo peor? Lo peor es que viajo mucho, para bien y para mal. A veces es muy agotador, paso muchos momentos sola en hoteles y, en ocasiones, eso se hace un poco duro cuando llevas muchas semanas fuera de casa. Por ejemplo, ahora acabo de llegar a mi casa después de tres semanas en Andalucía y echaba de menos mi casa, a mi familia y me decía: “Ay, no me puedo ir tanto porque no lo paso bien”. Cuando ya llevo así un tiempo fuera de casa me digo: “Tengo que volver, tengo que volver…”. Pero esto sucede durante 5 o 6 meses al año, que son muy intensos, con muchos viajes, luego el resto del tiempo, lo uso casi todo para escribir. 

A veces uso la metáfora de que soy como una ardilla. En aquellos momentos que puedo escribir, acumulo, acumulo, acumulo, como las ardillas con las bellotas y con la comida, que la van acumulando para tener luego en el invierno todo preparado, pues mi vida literaria es un poco eso. Y luego están las experiencias con el público infantil, que son una pasada. El público infantil es el mejor público que existe: el más espontáneo, el más fiel, el más cariñoso, más entregado. Y me emociona, especialmente, cuando se me acerca a lo mejor una alumna ya que está entrando en la universidad y me dice que empezó a leer mis libros cuando aún era una niña, que el primer libro que leyó y le gustó fue Escarlatina y mira, me viene ahora con Golpes de Luz. Entonces, al final, tienes la sensación de que eres como una compañera de vida, gracias a tus libros, y eso me parece muy bonito, me da mucha paz. 

Alex (Correveidile): ¿Qué es el éxito para ti?, ¿te parece que el éxito es un arma de doble filo? 

LEDICIA: No digo que sea un arma de doble filo. Para mí el éxito es poder vivir de aquello que te entusiasma, de aquello que te apasiona, eso para mí es el éxito. Claro, eso significa tener un público, por supuesto, un público que te lee, porque si no vendes libros no puedes vivir de la Literatura, y el éxito para mí es poder vivir de la Literatura, pero no lo veo como un arma de doble filo. 

Si bien es cierto, que me veo obligada a que mi producción sea muy intensa, porque cuando vives de esto tienes que ir alimentando el sistema siempre. El propio sistema, tal y como funciona, te lo exige, así que es cierto que es muy perverso en ese sentido. En el sentido de que unas novedades se comen a otras. A veces, tengo la sensación de que un libro que lleva dos meses y medio en una librería, ya se ha quedado viejo, ya ha caducado, y eso es terrible porque los libros no caducan.

Lo bueno de un libro es que siempre espera por ti, que no hay ninguna prisa, pero parece que tal y como está montado el sistema, desde hace unos años, estás obligada a consumir lo ultimísimo que ha salido, y aquello que ya tiene tres meses, pues como que ya ha pasado, ya nadie habla de eso. ¡Ya vamos a lo siguiente! Y las editoriales ya están anunciando las novedades que van a sacar en un mes y… se crea esa expectativa que tú quieres lo nuevo, lo nuevo, lo nuevo. Y eso te obliga a ti, como autora, a lo nuevo, lo nuevo, lo nuevo… Pero no… ¡Para! No podemos volvernos locos con eso, creo que hay que tener un poco de cabeza e inteligencia para conseguir gestionar esto.

Lo bueno de los libros infantiles y juveniles es que tienen una vida más larga. “Este mensaje se autodestruirá en 5 segundos…” Como se leía en los dibujos animados. 

Pues aquí lo mismo, este libro se autodestruirá en 2 meses. ¡No! Por fortuna, los libros infantiles y juveniles, sobre todo los que entran en los circuitos escolares, en colegios, en institutos, viven décadas, ¡décadas! Mi primera novela, que ya comenté que salió en el año 2000, y por lo tanto tiene 23 años, se sigue reimprimiendo año tras año. Eso a mí me reconforta y me ayuda también a no perder la cabeza, a no tener tanta prisa… O sea, tengo que producir, tengo que escribir, es una obligación, pero también un placer. ¡Me gusta mucho hacerlo, me gusta…! 

¿Qué cambiaría yo? Pues tener más tiempo para escribir. Y tal vez parezca increíble lo que acabo de decir porque, a ver, solo me dedico a escribir, pero vivo superada por la vida, por la promoción, por acompañar mis obras… Y llevo una vida muy desordenada; a veces, soy muy despistada, más de la cuenta, porque siempre estoy sobrepasada con viajes. Ahora estoy aquí y tengo que entregar esto, no llego…, me lo tienen que pedir tres veces. Y he tenido que aprender a convivir con eso… (bueno, estoy contando cosas aquí que para mí son muy importantes). A mí me gustaba entregar las cosas antes de que expirase el plazo, ahora siempre voy encima de… Y me gusta complacer a todo el mundo y, a veces, es muy difícil. Pero también he descubierto que no pasa nada, que la gente es comprensiva, que no pasa nada y que, si en vez de entregar eso ayer lo entrego mañana, tampoco pasa nada, el mundo va a seguir girando… así que, ¡calma!


Le comentamos que es muy importante esta reflexión en voz alta, sobre todo, en estos momentos de vida loca, frenética...

LEDICIA: ¡Muy loca! Y yo hablo como escritora, pero creo que nos come en todas las profesiones; es un ritmo que hay que decirse, bueno vamos a ver, la vida se va en tres minutos… ¡Calma, tranquilidad…! Vamos a disfrutar de esto; sino no tiene ningún sentido, creo que eso es muy importante. 

Alex (Correveidile): Ledicia, también eres una gran lectora. Desde esa perspectiva, ¿cómo crees que se puede estimular más la lectura?

LEDICIA: Esa es la gran pregunta. Yo tengo la sensación de que muchas veces culpabilizamos y responsabilizamos a los jóvenes y a los adolescentes. Se dice: “Es que los adolescentes no leen”. Y yo pienso: “¡Caramba!, ¿Y las personas adultas leen?” Para mí, las mejores experiencias y las que dan mejores frutos son los clubes de lectura. A través de los clubes de lectura se fideliza, se crea una red impresionante de personas que van sumando, creciendo y donde encuentran un lugar feliz, en el que pueden compartir, hacer algo en grupo y esto es muy bonito.

En este sentido, yo tengo mucha suerte porque en Galicia tenemos una Red de bibliotecas escolares que van asociadas a clubes de lectura y se va creando eso desde la infancia. Entonces, yo creo que, si conseguimos acompañar a los niños y niñas en la lectura, hacer el tour por las bibliotecas, llevarlos a una biblio para que escojan aquel libro que quieren leer y que se lo lleven a su casa, van creciendo y hacemos lectura, así, en compañía. Al final, esto se invierte, primero empiezas leyéndole tú y luego acaba leyéndote él. Después, ese acompañamiento en las escuelas, clubes de lectura -también en la etapa de secundaria-, que los hay y funcionan de maravilla.

Luego, los adultos también a través de los clubes de lectura. Creo que esas redes que se crean son extraordinarias y que funcionan de verdad. Yo lo veo, como escritora, he ido a clubes de lectura donde igual participaban sesenta, setenta personas y que el interés común que tenían era leer un libro, compartirlo, comentarlo y luego, aún encima, lo visibilizaban y con eso nos ayudan a nosotros. Esta red de colaboración que se crea, creo que nos ayuda a todos.  


Alex (Correveidile): Ledicia, permíteme arrastrarte un poco hacia la actualidad de Brasil. Te pongo en antecedentes: Hubo recientemente una discusión en las redes sociales brasileñas, sobre que no debería ser más obligatoria la lectura de los libros clásicos de Literatura, por ser aburridos, y sí incluir libros contemporáneos o autores que los adolescentes quisieran leer. Como escritora, ¿qué opinión te merece esto?

LEDICIA: Me parece que hay libros clásicos que son imprescindibles, extraordinarios. Hablar en esos términos generales, tan rotundos, como que la Literatura clásica es aburrida, me parece una osadía, me parece una absoluta osadía. Además, primero, no todos los libros van a gustarle a todo el mundo, quiero decir, puedes poner una obra contemporánea a un grupo de adolescentes y puede que le guste al 40% o al 70%, o sea, es imposible que les guste al 100%. Lo mismo pasa con una obra clásica, creo que primero no se puede hablar en esos términos generales y creo que hay que ofrecer de todo.

Yo soy partidaria de las listas abiertas, es decir, tú ofreces una lista con una serie de títulos: 5, 8, 10, 15 títulos, y entre esos títulos tiene que haber obras diversas, para todo tipo de público; puede haber obras clásicas, contemporáneas, novela negra, thriller,… todo tipo de libros y el alumnado puede tener esa última palabra para escoger: pues a mí me atrae este título, con esta temática, con esta sinopsis y estos personajes, yo quiero leer esto. Me parece lo justo. En los centros educativos donde se lleva a cabo esta práctica, funciona muy bien, pero creo que es una osadía hablar en esos términos generales.

Hay obras contemporáneas extraordinarias, ¡muchísimas! , y a día de hoy se está escribiendo una Literatura infantil y juvenil de calidad, pero eso no está reñido con que haya obras clásicas que también sean absolutamente extraordinarias, es que creo que hay que ser un poco prudentes en ese tipo de afirmaciones; negar todo lo que se ha hecho, es decir, entonces lo que se está haciendo ahora, dentro de 20 años ya no sirve, que son libros de usar y tirar, o sea, lo que vale hoy no vale para mañana. Esto es como decir, ya no podemos escuchar a Mozart o a Vivaldi porque es que lo clásico ya no sirve, me parece una barbaridad hacer esa afirmación. 


Alex (Correveidile): Y ya para terminar, ¿cómo definirías tu Literatura para una persona que nunca te ha leído?

LEDICIA: Bueno, yo diría que soy una escritora todoterreno, versátil, cada libro es como una sorpresa; es cierto que tengo un universo propio lleno de luces, sombras, criaturas que parece que están al acecho,… y hay siempre una tensión, que flota, y con la que no sabes de dónde te va a venir la próxima flecha, pero sobre todo es una Literatura donde hay un mundo propio, un mundo rico y un mundo que no para de crecer.

Me gusta pensar que cada libro nuevo que ofrezco es como una nueva aventura, como un nuevo reto que, a veces, no tiene mucho que ver con el anterior, aunque está todo conectado porque, vosotros que habéis leído Escarlatina y Golpes de Luz, es probable que hayáis pensado: “Dios mío, ¿pero esto lo ha escrito la misma persona?” Y al mismo tiempo es que, en el fondo, hay una conexión porque, si pienso en Román de Escarlatina y en Sebas de Golpes de Luz, pues sí que es cierto que el mundo infantil ahí está también presente, siendo una de ellas una novela para público adulto, pero pasa eso con mi Literatura. Me gusta pensar que es una Literatura singular y especial, me quedo con esos adjetivos: singular, especial y diferente, me gusta pensar eso.


¡Gracias, Ledicia, por darnos tanto!


Alexsandro Macedo


 

Hasta aquí, la entrevista completa que Ledicia Costas concedió recientemente al blog Correveidile para que, como afirma ella, podamos a través de nuestro propio club de lectura, del que tú lector o lectora puedes formar parte, crear una red impresionante, que vaya sumando, nos ayude a crecer y donde las personas encuentren un lugar feliz para compartir sus impresiones más profundas.


Así que os esperamos, lectores curiosos, el día 30 de mayo, a las 19:00 (hora de Brasília), en el Instituto Cervantes de São Paulo (Avda. Paulista, nº 2439. Entrada libre hasta completar aforo), para que conozcáis a Ledicia Costas, en conexión directa desde España.


¡Ven y participa, que no te lo cuenten!