Definición de Correveidile:

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miércoles, 24 de mayo de 2017

¿LAS MENTIRAS TIENEN LAS PATAS CORTAS? (I)

¿Qué es una mentira?

Como decía el filósofo Friedrich Nietzsche: Mentir es una condición más de la vida. O sea, es hablar o decir algo que va en contra de la verdad. Así que es la expresión o manifestación contraria a lo que alguien sabe, cree o piensa. 




La mentira tiene fecha de caducidad. Así es, tiene “patas cortas” y no llega muy lejos, ya que para poder sostenerla uno tiene que poseer muy buena memoria (lo cual no suele suceder). No hay nada más incómodo y embarazoso para el mentiroso que la verdad siendo desvelada. Una vez descubierta su mentira, al embustero tan solo le resta seguir falseando para defenderse cuando, en realidad, una vez “desenmascarado” ya es demasiado tarde para salvar su reputación. Tampoco hay que olvidar que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo” porque, en algún momento, sale la verdad a la luz.


 

La mentira comienza en la infancia 

La mentira, en la mayoría de los casos, comienza en la infancia. Por eso es muy importante estar atentos a las propias actitudes delante de los niños, puesto que ellos son grandes observadores y perciben la mentira en pequeños detalles, como los falsos elogios, o aquellas dichas por recelos de las consecuencias. 

De esta forma, los niños aprenden esa necesidad de mentir, sobre todo para esconderse y librarse de culpas. Alrededor de los siete años, los niños ya tienen la capacidad para distinguir claramente lo verdadero de lo falso y, sobre todo los adolescentes, pasan a discernir con relativa facilidad quién miente o es sincero.

Por eso es necesario prestar mucha atención a lo que se le dice a un niño, hasta incluso en las historietas que les contamos debemos hacerlo de manera que prevalezca la verdad. Muchas veces, los niños descubren que la mentira puede ser aceptada en ciertas ocasiones y que hasta llega a librarlos de responsabilidades, que les ayuda a ser aceptados por sus colegas e inclusive por sus propios padres.



Así es como acaban cayendo en el vicio de mentir de manera sistemática, sobre todo al descubrir que esto sacia la curiosidad de sus padres. El niño aprende todo lo que se le enseña y así ellos aprenden también la necesidad de mentir. 


Cuando los niños mienten, los padres deben conseguir distinguir entre la realidad y la mentira y, entonces, hablar de manera abierta con ellos sobre los aspectos peyorativos de la mentira y las ventajas que la verdad les traerá. En el hogar, el niño deberá encontrar ejemplos de verdad y honestidad que fomenten su actitud de sinceridad. 

¿Por qué la gente miente? 

En la gran mayoría de los casos, la gente miente para protegerse o para evitar un castigo. Por lo que, de algún modo, a primera vista, bien se podría afirmar que se trata de un comportamiento que funciona como un mecanismo de defensa. Mientras que la mayoría de los seres humanos miente casi que de un modo inconsciente, intentando evitar un problema, otra gran cantidad lo hace a la perfección y de una forma muy concisa, determinada y meditada. 

“Mentimos por conveniencia, mentimos por cortesía, llegamos a mentir por vergüenza o miedo a no ser aceptados en ciertos ámbitos y hasta por diversión. Mentimos porque, en el fondo, nos gusta y lo hacemos rutinariamente sin problemas ni culpas porque la mentira está socialmente aceptada. Sabemos que escuchamos mentiras en los discursos políticos y leemos mentiras en los diarios y revistas. Lo más grave es que terminamos por mentirnos a nosotros mismos”. 

Se calcula que cada día se oyen o leen más de 200 mentiras, muchas de ellas de creación propia. Los humanos mienten. ¡Y mucho! La primera acción de Adán y Eva, según el relato bíblico, fue mentir o dejarse engañar por una mentira. Y, acto seguido, manifestar un gran sentido de culpa, disimular cubriendo sus cuerpos desnudos y echarle la culpa a otros.

Robert Trivers, profesor de Psicología en la Universidad de Harvard y de Antropología y Ciencias biológicas en la de Rutgers, resume: “los humanos somos unos mentirosos redomados, aunque no seamos conscientes de nuestras fabulaciones. De hecho, la mayoría de ellas no son intencionadas, sino que forman parte de un peculiar mecanismo evolutivo que nos ha permitido obtener ventajas sustanciales y múltiples beneficios”. 

A veces negamos la evidencia. Peromentir parece un elemento intrínseco de la naturaleza humana. Mentimos porque funciona. Los primitivos que mejor mentían obtuvieron ventajas sustanciales sobre otros en la implacable lucha para el éxito reproductivo. Como humanos, nos diferenciamos para destacar y mentir ayuda en esta tarea. Y mentirnos a nosotros mismos – algo que es más fácil que mentir a otros – nos ayuda a aceptar este comportamiento fraudulento: creer nuestras propias historias, nos ayuda a ser más persuasivos”.

¿Quieres saber cuáles son las razones 
más frecuentes que justifican una mentira? 
No te pierdas mi próxima sección.

Pepe Cocodrilo







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