Definición de Correveidile:

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viernes, 17 de mayo de 2019

¡Venga a São Paulo!


Si viene a Brasil, tiene que conocer São Paulo, que es una de las ciudades más importantes del mundo, es casi imposible conocerlo todo porque es una ciudad gigantesca, pero voy a darle sugerencias de buenos sitios para visitar.

Cuando llegue a São Paulo empiece a hacer su guion y añada un domingo para ir a la Avenida Paulista, la cual podrá recorrerla por entero mientras ve a personas cantando, bailando o divirtiéndose con amigos y familiares, la Paulista se vuelve peatonal, pero para que su paseo sea distinto del de cualquier otro turista, conozca el mirador “9 de Julio”, que está detrás del MASP. El mirador hoy es un sitio muy querido por todos en la capital, donde hay una cafetería coqueta con vistas a la Avenida 9 de Julio que, por si tiene curiosidad, lleva este nombre en homenaje a la Revolución paulista del año 1932. Asimismo, si le es posible, alquile una bicicleta y pedalee por esta Avenida.


En el barrio de Vila Madalena podrá hacer muchas elecciones interesantes, como: ¿Qué restaurante debo conocer?; ¿Qué debo beber?; ¿Cuál es el mejor día para ir a esta zona? No se preocupe por eso, todos los días hay buenas opciones en Vila Madalena, pero eso sí, por favor, ponga en su ruta el llamado “Beco do Batman”, un espacio dedicado a los artistas callejeros, generalmente pintores. El “Beco” tiene una gran variedad de colores y formas, los grafitis que allí se encontrará son bellísimos. Así que lleve su máquina fotográfica y saque fotos memorables, ¡sin costes! Haga su ensayo fotográfico y sea modelo por un día.

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Arte, buena comida, arquitectura histórica y una variedad increíble de frutas brasileñas ¿Quiere eso en su visita por São Paulo? Entonces vaya al Mercado Municipal, conocido como “Mercadão”. 
El edificio fue inaugurado el 25 de enero de 1933, en uno de los cumpleaños de la ciudad, y fue proyectado por uno de los arquitectos más famosos del Brasil: Ramos de Azevedo, responsable por las construcciones más importantes de la época, como la Pinacoteca del Estado de São Paulo. Hay 32 paneles, divididos en 72 vidrieras hechas por el artista ruso Conrado Sorgenicht Filho, son preciosísimos y traen consigo la historia del Mercadão. Mire las vidrieras y coma un buenísimo bocadillo con mortadela o una sabrosa empanada de bacalao, referencia del local. Asimismo, encántese con las frutas exóticas y los condimentos tanto brasileños como importados.

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Lejos de la capital paulista hay una ciudad llamada Vila de Paranapiacaba, construida en el año 1868 aproximadamente, junto a la llegada de los ingleses que vinieron a explotar el llamado “oro negro”: El café. La villa abrigó a los empleados y trabajadores responsables por el mantenimiento de las vías por donde era transportado el café.

Visite la Villa de Paranapiacaba para volver en el tiempo y conocer más, no solamente de Brasil, sino también de los ingleses emigrados el siglo pasado. El principal destaque es el gran reloj fabricado en Londres y traído a Brasil bajo el apodo de “Nuestro Big Ben”. Si viene durante el mes de julio, prográmese para ir al festival de invierno y así aprovechar todas las atracciones culturales que hay en la ciudad, es un paseo increíble para todo un día y del que no va a olvidarse jamás. Paranapiacaba es una palabra indígena usada por la tribu Tupi-guaraní y que significa “donde se puede ver el mar”.

Por fin, haga una visita al parque Ibirapuera localizado en el corazón de la ciudad. Este es el parque más amado por los paulistanos. Así que, vaya al Ibirapuera y descubra sus encantos, después coméntenoslos.

Venga a São Paulo y descubra las distintas ciudades que hay en una ciudad única como esta. 

¡Sea muy bienvenido!

Ademir Oliveira

domingo, 9 de diciembre de 2018

"Viajes con encanto" Por Juliana Sarti


Usted seguramente ha escuchado o leído en algún lugar que, en la vida, lo que realmente vale la pena son los momentos vividos y los recuerdos que una persona puede llevar consigo cuando tiene la oportunidad de disfrutar de pequeños instantes de placer y bienestar. Algunos llegan a garantizar que la sensación es mucho más inspiradora y satisfactoria para aquel que se acuerda de un almuerzo con personas queridas o de un viaje para celebrar alguna fecha especial, que para un individuo que acaba de comprar algún bien material, por ejemplo. Lo intangible parece aflojar el alma de una manera mágica y, de eso, los viajeros parecen entender mucho.



Así que para que el placer y la diversión no se transformen en malos recuerdos, los viajeros deben, antes de embarcarse en la aventura de conocer nuevos lugares, tomar cuidados importantes. Estos pueden estar relacionados con la seguridad personal, como cuando se les instruye sobre cómo utilizar los equipos de seguridad durante un vuelo o cuando se utilizan otros medios de transporte; con las normas ambientales de un determinado lugar; con las costumbres y culturas diferentes, en fin, con diversos puntos que deben ser considerados antes de optar por viajar a este o aquel destino.

Así que, tomados los cuidados previos para que el momento del viaje y  del placer o del aprendizaje obtenidos perduren de por vida, aquel que viaja debe disfrutar de cada instante, ya sea en un momento de peregrinación, al observar la naturaleza, en la búsqueda de la cura o, simplemente, por el merecido descanso tan esperado después de un extenso año de trabajo arduo porque, al fin y al cabo, viajar es, para muchos, una terapia donde se encuentra la cura para el cuerpo y el descanso para el alma.

Juliana de Almeida Sarti
"La cedosita"

martes, 13 de noviembre de 2018

Diario de viaje a España (V): “Ciudad 1: Sevilla (III)”


¿Te has perdido el cuarto tomo del diario? 
¡Pincha aquí para leerlo!



En mi último domingo en Sevilla pretendía visitar las ciudades de Cádiz y Jerez de la Frontera, pero no fue posible conocer esta última puesto que no logré salir temprano del hotel. Como no estaba segura del horario de mi regreso, acabé comprando billetes separados y perdí el descuento del 20% sobre el valor de las tarifas del tren para trayectos combinados, de ida y vuelta.

Al llegar a Cádiz, cogí un autobús turístico antes de salir de la estación de tren e hice el recorrido de la ciudad en una hora. Si las playas repletas de gente no formasen parte de las atracciones turísticas ni se localizasen en el lado opuesto del centro histórico, quizás habría podido seguir el itinerario a pie, pero no fue posible.



Como era un día soleado, me bajé en las Puertas de Tierra, una de las dos entradas de la muralla que circundaba el casco antiguo, para caminar hacia la playa de Santa María. Como legítima brasileña que soy, tuve que tocar la arena y mojarme los pies en el agua del otro lado del Atlántico (¡Una pena que no tuviese bañador para aprovechar aquel momento!).


Enseguida caminé hasta el casco antiguo de la ciudad, que está fuertemente influenciado por la cultura musulmana, además de presentar una arquitectura que se destaca por algunas construcciones monumentales similares a las mezquitas. Por miedo a perder el tren, terminé no conociendo la Catedral, pero me paré en un pequeño bar y pedí pulpo a la gallega para el almuerzo, después continué caminando por las calles y admirando el comercio local.


La aventura del día fue la visita a la Torre Tavira, la más alta de la ciudad, donde está una de las pocas salas del mundo con una cámara oscura, así como un mirador excelente. Merece la pena subir los innumerables escalones de cristal y esperar por la sesión explicativa sobre el funcionamiento de este tipo de cámaras, que utilizan un principio de óptica para que, con el uso de un conjunto con espejos, se pueda mirar gran parte de la ciudad en una especie de superficie reflectora. Y aunque me moría de miedo a la altura, fui capaz de subir (con mucho sufrimiento) a la azotea. Sin embargo, si no fuese por una pareja muy simpática que me sacó algunas fotos, quizá no habría registrado ese momento único.



Volver a mi punto de partida no fue difícil, una vez que el casco viejo es pequeño y tras una caminata leve de 15 minutos se llegaba a la estación de tren. En esta ruta, intenté mirar algunos edificios históricos que estaban cerrados. Por la noche volví a Sevilla, pero no sin antes probar unos dulces turcos que eran vendidos en la estación.



Érika W. O. Fernandes

jueves, 18 de octubre de 2018

Diario de viaje a España (IV): “Ciudad 1: Sevilla (II)”

Queridos amigos correveidileanos, 
después de un tenebroso invierno sin ninguna noticia, 
¡Volvemos a la saga de mi diario!
¿Os habéis perdido la tercera entrega del diario?
¡Pinchad aquí para leerla!



Mi segundo día de paseo por Sevilla lo inicié en la Puerta de Jerez, donde se cogía el autobús Circular 3 y también era cerca de la primera parada del autobús turístico. Allá caminé por la plaza de los Jardines de Cristina, donde encontré poesías de Federico García Lorca, hecho que me recordó a mis amigos de clase de español, quienes lo habían homenajeado un año antes (Crónica de la celebración).

Como tenía tiempo libre, aproveché para visitar sitios interesantes, como el Museo Náutico de la Torre del Oro, donde aprendí que las naos de Cristóbal Colón salieron del río Guadalquivir (confieso que sí, que lo había aprendido en algún momento de mi vida de estudiante, ¡Pero lo había olvidado completamente!). Igualmente saqué panorámicas exquisitas del colmo de la Torre mientras admiraba la ciudad a partir de la terraza.

El Real Alcázar fue el principal monumento que vi aquel día y, en mi opinión, es uno de los lugares más bonitos de Sevilla. Como de costumbre, alquilé una audioguía para apreciar el lugar que todavía sigue siendo un Palacio para los Reyes de España (quienes no lo utilizan durante el verano, puesto que pueden elegir otros destinos con temperatura más amena). Finalicé el recorrido en la región de la Macarena (donde hay una muralla antigua y una movida bohemia por la noche), que a diferencia de lo que parecía, acabó por no llamar mi atención en absoluto.

Al día siguiente hice mi paseo sola, pues perdí el horario de los autobuses turísticos a causa del cansancio. Tras comparar el mapa de las paradas turísticas y con el de la línea regular Circular 3, llegué a la conclusión de que una opción económica para conocer el barrio de Triana, al coste de 1,40 euros, era bajarme en la calle Pagés del Corro para aventurarme a pie por sus calles. Aunque sea una locomoción fácil en una región plana, os advierto que os mantengáis hidratados ya que... ¡El calor es de mil demonios! Paré en el Mercado de Triana para probar algunas frutas, así como también en el Museo de la Cerámica, que es el producto más conocido del lugar.

Al continuar mi larga caminata, crucé el puente del Cachorro hacia el Mirasol, que consiste en un hito de la construcción moderna. Está ubicado en el centro de la ciudad, sobre ruinas romanas, y en su azotea se localiza una pasarela hacia un mirador donde se puede apreciar la ciudad con una visión de 360º.  

Ese día logré hacer la ruta guiada a pie por el barrio de Santa Cruz, por la Catedral y la torre de La Giralda, así como también por el barrio judío. Lo más interesante fue escuchar algunas de las leyendas locales, como la de "Susona". Según se cuenta, Susona era una judía que se enamoró de un católico, a quien le contó los planes de los judíos y de los musulmanes para combatir a los católicos, lo que culminó en la muerte de todos los hombres de la región, incluso de su propio padre. Cuando ella murió, pidió que su cuerpo fuese separado de su cabeza para que la gente recordase su historia de traición.

Infelizmente, como nada es perfecto, al pasar por enfrente de la Catedral fui abordada por una gitana que quería leerme la mano. Para evitar conflictos, se lo permití, ¡Pero pretendía cobrarme 20 euros por eso! Además de decirme cosas genéricas, intentó maldecirme y aún tuve que discutir, afirmando que si lo supiera, no lo habría consentido. Así que mi consejo es: ¡Nunca aceptéis una ramita de romero de ninguna mujer, ni dejéis que os toquen! Es mejor ser considerada una persona antipática, que ser engañada o sufrir algún riesgo en estas situaciones.

Por fin, por la noche hice el crucero por el río Guadalquivir, pero esto no merece la pena puesto que casi no hay información sobre los puntos vistos, del mismo modo que no se ve nada distinto de lo que vemos en los autobuses. Honestamente, fueron los 11 euros más mal gastados de mi viaje.



Érika W. O. Fernandes


¿Quieres saber cómo terminó mi estancia en Sevilla?
¡No te pierdas la próxima entrega!

domingo, 7 de enero de 2018

Diario de viaje a España (III): “Ciudad 1: Sevilla (1)”

¿Te has perdido el segundo tomo del diario? 
¡Pincha aquí para leerlo!

Plaza de España en Sevilla

El primer día en Sevilla fue un hito para la adaptación y el descubrimiento de un estilo de vida distinto del brasileño. Para empezar, me desperté a las 10:00 de la mañana por haber llegado tarde; sin embargo, después me daría cuenta de que ese es un hábito común para los españoles, especialmente en verano. Así que como no tenía qué desayunar, me fui al supermercado para comprar comida sin gluten, frutas, zumos y agua, momento en el cual me sentí una nativa. Incluso, salí de la tienda con una bolsa reciclable con la marca "Mercadona" para evitar el uso de bolsas de plásticas, que costaban un ojo de la cara.

Jardines del Parque de María Luisa
En secuencia caminé hasta una parada de autobús municipal, donde había carteles explicativos con el mapa de la ciudad, así como las líneas disponibles en la calle. Además de eso, en el interior del vehículo también había una pantalla que señalaba las próximas paradas, lo que ayuda a cualquier usuario del sistema de transporte público a ubicarse de una manera más sencilla que uno en la ciudad de São Paulo, por ejemplo. 

Al llegar a la parada inicial del autobús turístico, charlé con la guía sobre mis planes de itinerario en España. Ella me recomendó quedarme varios días en Andalucía, ya que los hechos históricos y las atracciones típicas de la región convertirían mi paseo una experiencia interesante. Una vez que mi billete podría ser utilizado en 3 días consecutivos, aproveché para hacer el primer recorrido de reconocimiento de los sitios para, entonces, elegir los lugares de interés que visitaría pronto.

Plaza de Américas
Empecé mi trayecto por la Plaza de Américas, donde había varios museos que estaban cerrados – en verano los períodos de apertura de las atracciones son más restringidos y cortos. Así que utilicé la aplicación Maps.me, que ya había usado en Montevideo, para buscar la próxima parada del mapa turístico. 


Felizmente me encontraba en los Jardines del Parque de María Luisa, que convirtieron la caminata en un agradable instante de convivencia con la naturaleza, además de estar cerca de la Plaza de España, quizá el sitio más famoso de Sevilla (incluso una película de la saga de la Guerra de las Galaxias fue grabada allí). La belleza del lugar no invita a entrenar nuestras destrezas en fotografía: confieso que aprendí a manejar las opciones avanzadas de mi móvil para sacar autorretratos y fotos mejores en ese momento.

Monumento a Cristóbal Colón

Así que continué caminando por la Avenida de Menédez Pelayo, donde está ubicado en monumento a Cristóbal Colón, además del tótem con el nombre Sevilla. Este barrio está cerca de una serie de sitios históricos, ya sea por la Exposición de 1929, por la Universidad (que fue la primera fábrica de tabaco), por el Real Alcázar o aun por el teatro Lope de Vega. El paisaje es bellísimo y merece la pena perderse por las calles de la región.

Volví a la Torre del Oro, el punto de partida de las rutas turísticas, para coger el autobús nocturno que hacía un trayecto diferente del diurno. Aunque cabe subrayar que la oscuridad en Sevilla, durante julio, solo llega después de las diez de la noche... y a las seis de la tarde la temperatura alcanza ¡40 grados!

Sevilla a las 21h

¿Te interesaste por Sevilla? 
Pues habrá un nuevo post donde te contaré más... 

Érika W. O. Fernandes

domingo, 10 de diciembre de 2017

Diario de viaje a España (II): “La llegada y los imprevistos”

¿Te has perdido el primer capítulo del diario?
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Torre del Oro - Sevilla

Durante mi vuelo, todo transcurrió relativamente bien. A pesar de no haber un menú solo con comida sin gluten, para que pudiera seguir el régimen alimentario que estaba haciendo en la época, acabé comiendo la cena ofrecida. Al mi lado se sentaron dos señores mayores que, gracias a un golpe de suerte, eran muy cordiales. Tras ver la más reciente película de King Kong, apagué mi pantalla para dormir. Por la noche me desperté algunas veces con dolor en las piernas debido al poco espacio existente entre las filas de sillas (por supuesto no es fácil sentirse bien en un vuelo de clase económica cuando se mide 1,80 m).

Por otro lado, salir del aeropuerto de Madrid no fue una tarea sencilla. En primer lugar, como necesitaba ir al baño, me alejé del flujo de pasajeros durante 10 minutos, lo que fue suficiente para que la cola de inmigración para los viajeros no Comunitarios (a saber, de los países que no forman parte de la Unión Europea) se triplicara de tamaño. Por consiguiente, tardé 1h30 en llegar al área de recogida de equipajes. En segundo lugar, en aquel momento ya no había señalización sobre la cinta donde estaba mi maleta, así que tuve que buscar información en el servicio de atención al cliente para lograr hallarla.

Estación de Atocha Renfe (Madrid)

Al salir del terminal, tuve que comer en un restaurante para poder cambiar el billete de 100 euros que tenía, de forma que fuera posible pagar el autobús con dinero cambiado (solo se aceptaban billetes con un valor máximo de 20 euros). En ese momento tuve mi primer incidente en suelo español: el autobús se averió en el medio del camino, entonces tuvimos que esperar por lo menos 15 minutos por el otro. Considerando el tiempo perdido desde la identificación de la avería por el conductor, hasta la llegada a la estación de Atocha Renfe, me retrasé unos 20 minutos del horario previsto. A causa de eso, perdí el tren para Sevilla, que había salido 5 minutos antes de la estación. Lo peor fue descubrir que mi billete no era reembolsable y que, por lo tanto, tendría que comprar otro, de última hora y más caro, para conseguir seguir el viaje hacia mi destino final. Tampoco tenía acceso a Internet para avisar sobre mi retraso a la dueña del piso en el que me quedaría. Esta situación inesperada me dejó tan nerviosa que casi lloré. Pero, por fin, llegué a Sevilla.

Ración de alcachofas, 
langostinos y jamón

El trayecto desde la estación de Santa Justa hasta mi piso me adelantó cómo serían mis traslados en los meses siguientes: ¡Un sufrimiento! Además de estar cargada como una burra, hacía un calor infernal en la ciudad. Sin embargo, mi anfitriona era muy simpática y me recibió estupendamente bien, de tal forma que todo el peso que cargaba (en el doble sentido) salió de mi espalda. Aquel día terminé la noche cenando una ración de alcachofas, langostinos y jamón en un bar de tapas.

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Érika W. O. Fernandes



jueves, 12 de octubre de 2017

Diario de viaje a España: “Planificación”


Después de haber ido a Montevideo en mi primer viaje de vacaciones sola, hecho que se convirtió en una experiencia fantástica (pincha aquí para saber más), me di cuenta de que podría hacer lo mismo si fuera a España para quedarme allí por unos meses. Aquellos 4 días en la región de La Plata me incentivaron a planificar un viaje a medio plazo, lo que nunca había hecho hasta entonces, ni en viajes por trabajo ni cuando estaba de vacaciones.

Aunque mi primera idea era la hacer un curso de preparación para el examen DELE del nivel C2, también pensé en otras opciones. Pero siempre que empezaba a buscar cursos, lo dejaba para otro momento. El hito que me hizo moverme hacia la completud de este reto fue un comentario de mi dentista, quien me cuestionó si yo no viajaría más en julio. Así que me vi procrastinando, nuevamente, algo importante, y como resultado decidí comprar los billetes de avión en aquel mismo día. No hace falta decir que fueron horas eligiendo los destinos y las combinaciones más baratas, tanto que la primera vez que compré los billetes seleccioné la fecha incorrecta y tuve que cancelarlos.

A continuación busqué los cursos ofertados por instituciones acreditadas por el Instituto Cervantes, pero calculé que 8 semanas de clases me costarían muy caras. De esa forma, reduje mi plan para un mes de curso específico para el DELE y dos semanas en otro sitio para tener un curso regular, que serviría de preparación para el primero. Como resultado, me matriculé en un curso de 10 días en la Universidad de Málaga -también había considerado inscribirme en otro curso de 2 meses, ofrecido por las Universidades de Málaga y Madrid en conjunto, lo cual me pareció interesante, sin embargo eso era incompatible con el periodo de mi estadía. Igualmente estudiaría las cuatro últimas semanas en escuelas de Barcelona y Madrid, siendo esta última mi ciudad final, puesto que mi vuelo de vuelta saldría de allí.

Cuando estudias una lengua debes ir más allá de la gramática o de las palabras: tienes que conocer la cultura, los pueblos, la historia, los países, etc. Por esto pensé que aprovechar los días sin clases para conocer ciudades nuevas era una forma de interactuar con la cultura y de desarrollar el aprendizaje del español. Una vez conocidas las ciudades de Madrid y Barcelona, las elecciones obvias para las demás semanas de mi estancia serían las ciudades de Andalucía, debido a las playas y a la oportunidad de disfrutar del verano europeo. Así que empezaría mi viaje por Sevilla, después seguiría hacia Málaga, a continuación iría a Valencia, Barcelona y, finalmente, Madrid.    

Mi segundo paso consistió en definir los alojamientos de las 3 primeras semanas en España. Con el objetivo de enriquecer mis conocimientos, hice una concesión y busqué una habitación privada en una casa compartida. Por supuesto que eso sería algo nuevo para mí, bueno para que yo ejercitara la tolerancia, pues soy pesada con respecto a la organización de la casa, además de que me gusta tener todo arreglado. A causa del precio, también alquilé un apartamento de estudiantes en Málaga.

Por fin, necesitaba decidir cómo costearía mi viaje. Por lo tanto, seguí la recomendación de algunos blogs y sitios en Internet que indicaban que llevara euros en efectivo, para evitar el pago de la tasa de impuesto de 6,8% para operaciones con tarjetas de crédito o de débito en el exterior. Estimé los costes según el sitio www.cuántocuestaviajar.com, y compré la cantidad de dinero sugerida después de buscar varias cotizaciones en Internet. Fíjate que las operaciones de cambios incluyen 1,1% del valor total de la compra como impuesto obligatorio en Brasil, y se suele confirmar si existen valores adicionales para que la compra no se convierta en un caballo de Troya. De esa forma, solo pagué con tarjeta aquello que no tenía otro modo de pago, y también utilicé el PayPal para los billetes de trenes de RENFE (Compañía española de trenes) pues mi tarjeta no tenía un registro de verificación doble de seguridad que algunos sitios europeos hacen en operaciones en línea.

España desde el cielo, en mi vuelo

En resumen, en menos de una semana busqué lo que iba a hacer en las 8 semanas siguientes, compré cosas, reservé otras, hice una cena de despedida con mi familia (padres, hermano, cuñada y sobrinos), fui al cumpleaños de mi tío (donde pude despedirme de mi familia más cercana) y volé a España. Todo pasó tan rápido que no tuve tiempo para pensar en detalles lo que había hecho. ¿Yo que sé? ¡Ahora ya está!

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Érika W. O. Fernandes



jueves, 7 de septiembre de 2017

"Mi cumpleaños en Australia"

Este año es el segundo en que celebro mi cumpleaños en Australia desde que me mudé y la conmemoración fue en un bar cerca del mar, en una playa que se llama Manly. Escogí este lugar porque para llegar a la playa podemos utilizar el Ferry, que es un transporte muy usado en Sydney, y aprovechar la oportunidad para disfrutar del paseo por el mar. Mi mamá vino de Brasil para visitarme, conocer Australia y quedarse conmigo en mi cumpleaños. Este año hubo dos cosas interesantes: pude percibir como mis amigos cambiaron del año pasado a este y, también que el infierno astral este año llegó atrasado.

Casi ningún amigo de los que estaban en la conmemoración del año pasado estaba este año y eso me hizo pensar en la rotación de personas en mi vida en este primer año. Yo ya había percibido que el tiempo en Australia, para la gran mayoría de las personas, es de 1 año a 1 año y medio y mi cumpleaños fue la prueba. Sin embargo, también percibí que he hecho muchos amigos nuevos que ahora forman parte de mi vida.


La segunda cosa intrigante este año fue mi “infierno astral” que normalmente pasa antes del Gran día, pero este año sentí una depresión después de la celebración y yo creo que es porque cumplí 31 años y empecé a sentirme “vieja”. También pensé que es porque ahora vivo 13 horas por delante del horario en el que he vivido casi toda mi vida, entonces por eso el infierno astral pasó después.


Independientemente del infierno astral, pude disfrutar mi día con mi mamá y mis amigos. Pude reflexionar sobre mi vida y sobre estar lejos de mi familia y de mis amigos más antiguos. A pesar de extrañarlos, la idea de que ahora mi vida es muy dinámica y que, a cada ano, personas diferentes entrarán y saldrán de mi vida, me hace pensar que debo aprovechar cada momento como si fuera el último.


Naiara Manocchio

viernes, 25 de agosto de 2017

“Una ciudad tan serena que, aunque sea lenta, siempre se hace extrañar”

El titular es un fragmento de la canción “Uruway” de Snake (si quieres saber más sobre ellos, pincha aquí), que traduce mi sentimiento después de permanecer cuatro días en Montevideo. Este fue mi primer viaje de vacaciones sola – he viajado muchos años por trabajo, pero la planificación para algo así cambia totalmente, una vez que tienes que elegir tu agenda para las 24h del día. Sin duda ha sido un reto para mí, pero hoy en día es posible buscar buenas sugerencias sobre qué hacer, comprar o visitar en sitios de Internet, en particular os recomiendo este: http://www.descubrimontevideo.uy. Otra opción para los turistas es el sitio http://www.guruguay.com (en inglés). 

Faro de Colonia
Visto que mi vuelo había llegado muy tarde, el primer día decidí descansar e irme a una ciudad cerca de Montevideo, Colonia del Sacramento. Tomé un autobús (que, en Uruguay, las personas llaman ómnibus) en la Terminal Tres Cruces que llegaría a mi destino 2h30 después. Aunque hacía frío, realicé una caminata interesante por algunas cuadras desde la Terminal de Colonia hasta el barrio histórico, que fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Utilizándose un mapa, es fácil conocer sus principales puntos turísticos, como la Puerta de la Ciudadela, la Calle de los Suspiros (la más famosa), el Faro de 1857, los bastiones, el muelle y otros sitios históricos. En mi recorrido pasé por las principales atracciones, pero no visité ningún museo.  


Iglesia de Colonia

Al final, mi única decepción fue no sacar ninguna foto panorámica desde el Faro, puesto que había sido cerrado debido a la lluvia que empezara mientras yo conocía el casco histórico. A pesar de estar lejos, esta es una excelente elección para quienes les gustan las opciones culturales e históricas.

Parque del Prado
El segundo día compré un billete de ómnibus turístico por Montevideo, que incluía 12 paradas en un trayecto de cerca de 2 horas. Tengo la costumbre de utilizar este tipo de servicio para conocer los principales puntos de interés de un lugar, de modo que pueda elegir lo que merece la pena ser visto con más detalle. Debido a que los horarios del autobús están más restringidos durante la estación baja, paré en el Jardín Botánico (parada 6) y aproveché para caminar por el Parque del Prado hasta el Monumento a la Diligencia (parada 5). Por ser una región muy arborizada, y estar una tarde de sol agradable, logré sacar fotos muy bonitas del paisaje. 

Museo del Fútbol en el
Estadio Centenario
Cuando volví a la ruta, paré en el Estadio Centenario (parada 8) para visitar el Museo de Fútbol. Si no tuviese miedo de altura, podría haber subido en el ascensor de la torre, que es una marca característica de la construcción. Mi última parada fue en la región del Shopping de Montevideo (parada 9), a partir del cual se camina hasta la playa donde se sitúa el letrero “Montevideo”. Finalicé mi día cenando un parrillín (una pequeña parrilla de asado de carnes) con un buen vino uruguayo, en la región bohemia de la calle 26 de Marzo. 



Palacio Salvo
Aun aprovechando mi billete del ómnibus turístico (válido por 24h), el tercer día me fui a la Cuidad Vieja para visitar el famoso paseo peatonal. Inicié la marcha por el Mercado del Puerto, donde compré alfajores, dulce de leche y vino. Después caminé hacia la Plaza de la Independencia, donde se ubica el Palacio Salvo, que fue el mayor edificio de América Latina cuando se construyó. En este trayecto, aproveché para comer un postre en el famoso “Café Brasilero”. 

Aunque estaba cargada de cosas y con el bolso roto, decidí conocer el mirador de la Intendencia de Montevideo, donde tuve una experiencia maravillosa: al preguntar si el ascensor era panorámico (que es algo terrorífico para mí), conocí al señor Rubén Chevalier, muy simpático y diligente, que me llevó en un ascensor cerrado, además de quedarse durante cierto tiempo charlando conmigo. Realmente es fantástico estar con personas con ganas de aprovechar la vida, independientemente de su edad. Entonces, volví al hotel para prepararme para mi cita de la noche, el concierto de rock del Festival QuéLocura! 



El balance que hago de esta vivencia es que pude tener una experiencia distinta e increíble, la cual me permitió conocer gente nueva y probar que el mundo está ahí para ser explorado. Hay diversas cosas que conocer en Montevideo, desde la gastronomía, los eventos culturales o la gente – 4 días es muy poco para eso. Siendo así, finalizo con otro fragmento de la canción “Uruway”: para mí, quien conoce Montevideo “no se cansa de pensar en regresar a esta ciudad tan serena”. 

Érika W. O. Fernandes