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domingo, 7 de mayo de 2017

Autran Dourado: "Escribir no da placer y es una fatalidad"

Entrevista realizada por JULIÁN FUKS
(Corresponsal especial de Folha de São Paulo)
Traducción a cargo de Mei Santana



En lo alto de un edificio antiguo de Botafogo, en una calle otrora menos ruidosa de Rio de Janeiro (Brasil), se retiró Autran Dourado. Se despierta temprano y ya en las primeras horas se acerca a las repisas y estantes de su apartamento en una búsqueda placentera de algún libro. Las piernas y las manos temblorosas, la enfermedad de Parkinson le afecta los movimientos, se desvía de uno a otro objeto antiguo, mineros (gentilicio del poeta), como su dueño. Hoy,  la mañana que precede a la tarde en la que recibe la visita de la Folha, opta por Edgar Allan Poe. Con Poe, nos espera.

Autran Dourado, antes de fallecer, con 86 años

Dourado se acerca a la puerta con la misma lentitud con la que, desde la pequeña ciudad de Patos de Minas, donde nació, viene hoy aproximándose a los 80 años. Entre estas dos distantes e igualmente irrelevantes marcas en el tiempo, su nacimiento y esta entrevista, publicó, entre novelas, cuentos y ensayos, 23 libros, algunos muy estimados por los críticos, como Ópera dos mortos. Ahora, hasta el final del año, se verán todos ellos reeditados por Rocco, un movimiento que comenzó poco después de haber recibido el Premio Camões de Literatura, en el 2000. En agosto, dos nuevos viejos títulos: O meu mestre imaginário y Violetas e caracóis

Sí, que el premio le ha estimulado. Él no niega el honor de haberse alineado con João Cabral de Melo Neto o Antônio Cândido. Pero Dourado, menos que entusiasmo, es pura resignación: en sus palabras, en la voz igualmente temblorosa, literatura y sus complejidades se convierten en accidente, en casualidad. Son pura fatalidad. 

Folha – Usted ha dicho que hay un grupo de sus libros que cree que dio la talla. ¿Qué tienen que agregar los dos que ahora se están reeditando?

Autran Dourado – La gente siempre me pregunta, sobre todo cuando voy a las universidades, cuáles fueron los autores que me han influido. Hice O meu mestre imaginário para no responder más a esta pregunta. Ya estoy con casi 80 años, una edad hasta vergonzosa de pronunciar, y en una fase en la que ya he elegido a mis autores. Se lleva toda la vida seleccionando los libros que se deben leer cuando se está jubilado. Ahora sé qué libros debo leer. Y no tengo miedo de los clásicos. Los clásicos son necesarios. 

Folha – ¿Y qué sería el clásico?

Dourado – Es aquel que, aun sin intención, innova. Alguien dijo un día que leer Homero es aburrido. Pero el aburrimiento no es una cualidad literaria a ser juzgada.

Folha ¿La erudición es necesaria para el escritor?

Dourado – La erudición es accidental, aunque es algo que se busca. Cuando el autor está comenzando a escribir, no puede pensar en nadie. Ni en otros autores ni en su público, porque no puede saber ni tan siquiera quién es su público. El escritor es aquel solitario. Yo no sé quién es mi lector y no me someto a la posición de buscarlo. 
Es por ello que veo con cierto escándalo lo que está sucediendo en Brasil: personas jóvenes que se inician en la Literatura y quieren vender libros enseguida. Tienen vocación de bestseller. Son fabricantes de libros y el libro que se ve no es el resultado de ningún esfuerzo mayor, no corrió nada de sangre por él. Eso no es ser escritor. Vender libros es un accidente en la vida de un escritor. 

Folha – Usted ha dicho que el escritor es un solitario y que es imposible no pensar en sus personajes, que también se sienten solos, llenos de miedo y de angustia.

Dourado – Mis personajes se parecen mucho a mí. Yo los conozco muy bien y sufro la angustia que ellos sufren. No tengo ningún placer a la hora de escribir. Cuando la obra ya está lista, me da una cierta satisfacción, pero es la misma que se tiene cuando se descarga de los hombros una carga pesada.

Folha – Si no es placentero, entonces, ¿por qué escribir?

Dourado – Es también una fatalidad. Uno se destina a la Literatura, y no la Literatura a uno. Escribir es una imitación. La gente escribe como si fuera un niño que ve el libro como un juguete y piensa: “Ah, yo quiero uno”. Cuando leí por primera vez Dom Casmurro, me dije; “Caramba, quiero el mío". De ahí la necesidad que se tiene de leer. Cuando estoy a punto de escribir, me gusta mucho leer un poema, Drummond, João Cabral. No es el poema lo que voy a escribir, sin embargo creo que me prepara. 

Folha – ¿Y qué expectativa tiene usted con respecto a su obra? ¿Qué innove sin querer innovar? 

Dourado – Es exactamente eso. No es propiamente un propósito, no obstante la idea es llevar una llama, que pase a uno y a otro. Se trata de un encadenamiento de autores, de autores de una misma familia literaria. Sin embargo, recientemente he vivido la experiencia de releer mi propia obra y me dio algo así como una náusea. Me da náuseas pensar en todas esas preguntas. Lo que se debe procurar es escribir bien y seleccionar a los pocos autores que se deben leer, que son los que mejoran el tratamiento del lenguaje, dado que la Literatura es un lenguaje cargado de significado.


Folha – ¿Los escritores son los ebanistas de la nada?

Dourado – Son ebanistas de la nada. Citaste ahí un cuento mío que me gusta mucho: "Os mínimos carapinas do nada". Son los ancianos que se quedaban en la ventana de casa, tallando, quitando pequeñas astillas de madera, haciendo caracoles. Buscando la nada. Se escribe para llegar a la nada. El argumento, por ejemplo, es una de las cosas menos importantes en la novela. Es el artificio que el autor utiliza para detener al lector, para engatusarlo mientras le roba su cartera. 


Folha – ¿Y qué le roba?

Dourado – Su emoción, sentir que es cautivo del libro, que lo llevas de la mano. Y no que esté contigo en la mano. 


Folha – Escribir, entonces, ¿es artificio y no inspiración? 

Dourado – Hay en la palabra inspiración una cierta traición. Yo prefiero “idea súbita”. Cuando se me ocurre una idea súbita, la cultivo hasta encontrar la forma de la novela. 

Folha – ¿Y sobre esa posible muerte de la novela, que, tras las Vanguardias, tanto se predice? 


Dourado – Cuando Fernando Sabino se fue a pasar una temporada a Europa, regresó y me dijo: “Estás perdiendo tu tiempo. La novela murió”. Yo le dije: "Oye, Fernando, me estás dando una noticia muy triste porque acabo de dejar una novela en la editorial. ¿Justo hoy me comunicas la muerte de uno de mis parientes?” No murió. Es el europeo que está muy preocupado con esas cosas.

Folha - ¿Y no va a morir?


Dourado – Si va a morirse, no puedo decírtelo, porque quien puede morirse antes soy yo. 

Folha – En estos momentos, ¿está escribiendo algo? 

Dourado – Estoy preparando un libro, pero nunca se lo enseño a nadie antes de que esté listo. Empero, estoy escribiendo con mucha dificultad, ya que estoy muy preocupado con lo que es permanente en la Literatura, que es el valor literario, fundamentalmente los valores formales. Es un peso que aumenta con el paso del tiempo. El peso de haber escrito ya.


Fuente de consulta:
Folha de S. Paulo Ilustrada 30/07/2005. Consultado el 26 de abril de 2017. (http://www1.folha.uol.com.br/folha/ilustrada/ult90u52320.shtml). 

3 comentarios:

  1. Autran Dourado, uno de los más importantes escritores brasileños que he tenido el placer de leer con detenimiento y pasión. ¡Recomendadísimo! Falleció en 2012, pero siempre vivirá su obra para continuar recordándolo...

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  2. Felicidades, Mei, un trabajo impecable.

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  3. Gracias, Estrella de Mar, traducir grandes autores es siempre un aprendizaje.

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