Definición de Correveidile:

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domingo, 2 de julio de 2017

Cuento inédito: "LA MUJER Y LA MONA" por Mei Santana


La melancolía le colmaba el corazón, en cambio la soledad le ayudaba a meditar sobre la vida. Como siempre, Ana se miraba al espejo y se daba cuenta de que aún había en su precioso rostro una sonrisa infantil, sin embargo su aspecto era de una mujer solitaria y cansada.

En sus ojos todavía lucía el brillo de la esperanza, ya que creía que algo le iba a cambiar la vida. Era una persona generosa, afectuosa y, ante todo, muy humana. El gusto por los animales le impulsaba a vivir, de modo que después de mucho pensar, decidió adoptar una mascota con el fin de que le hiciera compañía; no obstante, no quería una mascota cualquiera, sino más bien un animal que fuese muy parecido con los humanos, es decir, una mona. Y así tuvo la idea de irse a un Instituto de adopción para elegir a su mascota, por ende sabía que no era nada fácil, puesto que la que quería era muy distinta de lo habitual. Asimismo era consciente de que tendría que dedicarle todo el tiempo que necesita un animal, ya que lo trataría como si fuera su propia hija.

Al llegar al Instituto, Ana conoció a Chacha, fue amor a primera vista. Ana se enamoró de la pequeña, que todavía era una cría. Chacha era huérfana y vivía en un parque con sus compañeros. Era muy lista y juguetona, sus ojos se colmaban de brillo cuando miraba a la gente que se ponía a su alrededor. 


Ambas estaban muy felices. Por un lado, Ana con su “hija”, por otro Chacha, que ahora iba a contar con el amor y el cariño de una “madre”, pero hay algo más que añadir y es que el responsable del Instituto ya le había dado a Ana el permiso para que se llevara a la pequeña huérfana para su casa.

Con el paso de los años, Chacha se había vuelto una mona muy hermosa, llena de gracia y, como toda adolescente que se precie, a veces rebelde, preguntona y muy curiosa.


Un día, fueron juntas a la playa y sentadas sobre una ardiente arena, bajo el sol abrasador, las dos conversaban y miraban el mar. En aquel momento de contemplación Ana se aislaba totalmente del mundo, su pensamiento volaba hacia el infinito, mientras que Chacha la miraba detenidamente, admiraba sus senos con una obsesión irracional. De repente, Chacha deslizó sus manos sobre su tórax, se tocó y se dio cuenta de que era muy diferente de su “progenitora” humana, percibió que lo que tenía pegado en su tórax eran tan solo dos trocitos de carne. De modo que, inconformada y señalando sus pechos, le preguntó a Ana:

-  “Y esto, ¿qué es?”

-        -“Esto se llama pecho”, le explicó Ana.

-       - “¿Y para qué sirve?” Interrogó Chacha con ingenuidad. 

    -"Sirve para amamantar. Nosotras, las humanas, alimentamos a nuestros bebés con el pecho, es de aquí que sale la leche, que es un alimento natural". Dijo Ana. "Y esto que tiene en el centro se llama pezón", añadió.

Con todo este planteamiento sobre el tema, Chacha se quedó aún más confundida y con una mirada triste, se auto examinó para, acto seguido, seguir con las preguntas.

-         -"¿Y qué es un pezón?"

-     Ana le contestó: "Es un botoncillo eréctil que sobresale en los pechos de las hembras de los mamíferos, a través del cual sale la leche con la que se alimentan a las crías".

Naturalmente, Chacha no se había dado por satisfecha con las respuestas, estaba inconsolable y ansiosa, ya que lo que quería era ser igual a su progenitora humana. Deseaba tener hartos pechos y ser como ella y esto no estaba muy claro en su mente. Así que siguió con más preguntas:

-         -"Si es así, ¿por qué no tengo pechos iguales a los tuyos?"

En ese momento, Ana temió su reacción, pero le explicó con mucho cuidado y cariño tratando de hacerle comprender que ella no era humana, sino un animal, por lo tanto, no podía ser igual a ella. Así que le dijo:

-"Chacha, nosotros los humanos tenemos pechos por el simple hecho de que caminamos erectos, de forma recta, esto que nombramos pechos son apenas bolas de grasa que no sirven para nada".

-         -"Pero, ¿y la leche?" Preguntó Chacha.

    -"Incluso si no tuviéramos la grasa en el pecho, las mujeres amamantaríamos de igual forma a nuestros hijos, porque las glándulas mamarias no tienen nada que ver con la grasa del pecho. Mírate, tienes dos “puntitos de carne” como me habías dicho antes, este puntito se llama pezón, y es igualito que el mío, la única diferencia es que el tuyo no tiene la grasa que le daría forma, pero cuando seas mamá vas a amamantar a tu cría igual que yo. Tendrás leche, como yo. ¿Viste?

Como te había dicho, nuestras masas de grasa solo se desarrollaron porque caminamos erectos, de forma recta, diferente de ti, que tienes que curvarte para caminar y apoyarte en tus manos, así que en virtud de eso la grasa de tus senos no se ha desarrollado". 


Chacha comprendió todo, no obstante decidió que a partir de aquel momento iba a caminar sobre dos patas, pues mantenía la esperanza de que un día tendría un par de pechos grandes, porque lo que ella deseaba, ante todo, era humanizarse.

Moraleja: Se debe tener consciencia de que no siempre todo está a nuestro alcance.

Autora: Mei Santana

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