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lunes, 16 de enero de 2017

Leyenda boliviana: “Toborochi, el árbol encantado”

En Bolivia se cuenta que hace mucho tiempo, cuando los dioses vivían en la Tierra como personas, los espíritus (Aña) de la oscuridad abusaban mucho de los primeros guaraníes, asesinaban a los hombres y secuestraban a las mujeres.

En una pequeña aldea vivía una hermosa joven a la que llamaban Araverá, que significa "Destello en el cielo", y era hija del gran Cacique Ururutï Cóndor Blanco. Ella se había casado hacía poco tiempo con el dios Colibrí (Chinu tumpa) y esperaban tener un hijo enseguida, el mismo que se convertiría en el mejor Chamán (Paye) de la región, capaz de derrotar a todos los espíritus del mal.

Los Aña, al enterarse de la noticia, se propusieron matar, sin miramientos, a la joven Araverá. Así que, montados en sus caballos alados, que lanzaban fuego por la boca, se dirigieron hacia la aldea, pero Araverá, percatándose oportunamente del peligro, se escapó volando hacia los últimos confines del universo en su sillita voladora, que le había regalado su esposo Colibrí.

Los Aña la persiguieron por todas partes, en el fondo de las aguas, debajo de la tierra y más allá de las estrellas. Cuando la sillita voladora ya no podía soportar por mucho tiempo el peso de Araverá y de la pequeña criatura que crecía en su vientre, descendieron a la Tierra y se ocultaron dentro de un Toborochi (Samou). Los Aña pasaron de largo y nunca pudieron encontrarlos.


Allí dentro, Araverá tuvo a su hijo. El niño creció y vengó la maldad de los Aña, pero, según reza la leyenda, su madre se quedó en la barriga del Samou hasta hoy… aunque, de vez en cuando, sale fuera convertida en una hermosa flor para que los colibríes vengan a disfrutar de su néctar. 

BELLEZA, MAGNITUD Y MISTERIO
Según la leyenda boliviana, este árbol es sagrado, pues cada vez que florece significa que está dando a luz, es decir, que nace un nuevo ser. Se cree que el espíritu de Araverá todavía sigue encarcelado dentro del árbol, y que solo se libera en plena estación invernal, puesto que la única forma de atraer a su gran amor (el colibrí), y tenerlo más cerca, es por medio de sus flores y el perfume que exhala.


Por otro lado, es sensual y maternal a la vez, es muy profundo el sentimiento que despierta en la gente. Sin duda, está presente en la vida religiosa del pueblo, ya que la leyenda cuenta que la Virgen de Cotoca apareció en un árbol Toborochi.

En realidad, se trata de un hermoso árbol que es tan encantador como su leyenda. Lo curioso es que en plena estación invernal, en el mes de mayo, cuando la mayoría de los árboles empiezan a perder sus hojas, los toborochis comienzan a florecer para anunciar la llegada del otoño. Además de ello, se caracteriza por poseer un tallo abultado o barrigudo en la parte media que, conforme narra la leyenda, se asemeja a una mujer embarazada. 

El Toborochi tiene un uso ornamental muy difundido en calles, avenidas, plazuelas y otras áreas verdes de la ciudad, porque sus flores atraen a los colibríes, que se disputan su néctar; y también a las cotorras verdes, que consumen sus semillas cuando están tiernas. 

En torno a esta leyenda se han creado, como se puede uno imaginar, un sinfín de cuentos. 

Dama de Castro

Fuentes de consulta:
www.bibmondo
www.hoybolivia.com

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