Definición de Correveidile:

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martes, 30 de agosto de 2016

Las carreras de Vanderlei Cordeiro de Lima

En el mes en el que se celebra la mayor fiesta del deporte en nuestro país, Brasil, nada más justo que esta sección hacer honor a las vidas de los que cambiaron el mundo a través del deporte. Y no hay muchas personas que merezcan este honor.

En un país donde una parte considerable de la población aún vive sin acceso a los servicios básicos de saneamiento y educación, el entrenamiento de atletas de alto rendimiento, a menudo, es especialmente difícil para aquellos que no disfrutan de una situación financiera cómoda. Sin embargo, muchos atletas brasileños que llegan a niveles de excelencia,  a través de mucha lucha, lo han hecho superando no solo los obstáculos del entrenamiento deportivo, sino también los de la propia vida.

Y cuando, después de todas las batallas diarias, el atleta alcanza un nivel de excelencia y da una lección al mundo sobre el significado del espíritu olímpico, sin duda alguna, este ser humano merece ser recordado y honrado por su país.

Este honor, merecido, lo recibió Vanderlei de Lima, el 5 de agosto de 2016 cuando, en representación de los atletas y del pueblo brasileño, encendió el pebetero olímpico para dar luz a los Juegos Olímpicos de Rio 2016 (Brasil).

La historia de vida Vanderlei no tiene nada muy diferente de la de muchos otros atletas brasileños. Vanderlei Cordeiro de Lima nació en la ciudad de Cruzeiro do Oeste, en el Estado de Paraná, el 4 de julio de 1969, en una familia de agricultores humildes. Sus padres eran inmigrantes que huyeron de la sequía del noreste.

Bautizado por su padre solamente el 11 de agosto del mismo año, más de un mes después de su nacimiento, se crió en la ciudad de Tapira, en el mismo Estado, adonde la familia se trasladó en 1973, y su sueño deportivo desde que era un niño era convertirse en jugador de fútbol, actuando como lateral derecho. En la infancia y adolescencia - cuando obtuvo el apodo de "Bodega" entre sus amigos - ayudaba a la familia trabajando en la cosecha de caña de azúcar en la región. Asistió a la Escuela primaria en el Grupo de la Escuela de San José, de donde regresaba a casa corriendo y comiendo frutas de los huertos de los barrios, y a la Escuela secundaria en la Escuela Estatal de Castelo Branco donde, a los 11 años, solo por el placer de correr –algo que había descubierto de manera espontánea– corría varias veces alrededor del campo de deportes durante el recreo. 

Cabe destacar que fue en esta escuela donde ganó su primer par de tenis para las corridas, dado por el director Francisco Perecin, para que Vanderlei representara a la escuela en una prueba del campeonato interescolar. A los 14 años comenzó realmente en el atletismo, mediante el fomento de un profesor de educación física del lugar, ganando así su primera corrida en una carrera en el Estado.

A partir de principios de los 90, se hizo cargo de él el entrenador Ricardo D'Angelo, que lo acompañaría en su carrera, comenzando el maratón por accidente. En 1994, participó en el maratón de Reims, en Francia, contratado como "conejo" para ejecutar solo la mitad de la carrera, dando el ritmo de los que luchaban en verdad. Como se sentía bien en la marca de 21 km, no abandonó la carrera, siguió corriendo hasta el final y, acabó ganando con un tiempo de 2:06:11’’.


Vanderlei y D'Angelo

En cuanto a dedicarse a la prueba de 42 km, a principios de 1996 ganó el maratón de Tokio con una marca de 2:08:38, record en América del Sur, el que le clasificó para disputar los Juegos Olímpicos de Atlanta, 1996. En esta prueba, tuvo problemas con sus tenis y terminó en el puesto 47° con un tiempo de 2:21:01. Al año siguiente, tuvo su primer contacto con la ciudad de Atenas, al competir en el Campeonato Mundial de Atletismo, celebrado en esta ciudad, donde terminó en el puesto 23°.

Pan de Winipeg, 1999
En 1998, seguiría su exitosa carrera internacional, alcanzando el segundo lugar en Tokio (2:08:31, rompiendo su propio récord sudamericano) y quinto en el maratón de Nueva York con un tiempo de 2:10:42. El año 1999 vio a Vanderlei ganar su primer título en un campeonato internacional importante cuando ganó la medalla de oro de maratón en los Juegos Panamericanos de 1999 en Winnipeg, Canadá. Al final de ese mismo año, una vez establecido como el mejor corredor de maratón de América del Sur con un tercer lugar en el prestigioso Maratón de Fukuoka, en Japón, con otra marca bajo la 2:09 - 2:08:41 – fue cuando perdió ante el futuro campeón olímpico en Sydney 2000, el etíope Gezahegne Abera.

Con estas marcas y logros, Vanderlei ganó el derecho a competir en la carrera de Sydney. En sus segundos Juegos Olímpicos, sin embargo, una vez más no obtuvo un buen resultado, en esta ocasión debido a una inflamación en un pie y una lesión mal curada durante un entrenamiento previo en México le hizo parar y caminar tres veces durante la carrera, por lo que cruzó la línea de meta a trote, llegando en el puesto 75º.

Durante el nuevo ciclo olímpico de cuatro años, tuvo dos grandes logros: ganó el Maratón Internacional de São Paulo, en 2002, cuando hizo la mejor marca para el maratón en Brasil, 2:11:19, y conquistó la segunda medalla panamericana de oro, con la victoria en la carrera de los Juegos Panamericanos Santo Domingo de América, en 2003, bajo un gran calor y humedad, donde fue física y mentalmente llevado hasta el extremo.

Después de iniciar el año 2004 con una victoria en el Maratón de Hamburgo, en Alemania, realizó su preparación para sus terceros Juegos Olímpicos, junto a su entrenador de toda la vida, Ricardo D'Angelo. El entrenamiento fue en la altitud de la ciudad colombiana de Paipa, conocida por sus aguas termales y que después se convertiría en un paraíso para el entrenamiento de corredores de distancia.

En Atenas, incapaz de estar con Vanderlei en el inicio y en los preparativos finales, por no pertenecer al cuerpo técnico llevado a los Juegos Olímpicos, D'Angelo le escribió una carta, que fue leída por Vanderlei en la Villa Olímpica antes de dirigirse a la salida, y cuyo contenido se conocío despues:

"Recuerda el fuerte ascenso en el kilómetro 30. Si te sientes bien, arriésgate, ya que si no te arriesgas, nunca ganarás. Mi confianza en ti es inmensa, por lo que vamos a luchar por la meta que soñamos durante tanto tiempo. Pase lo que pase, al final, recuerda que tú siempre tendrás mi amistad y mi confianza, y también recuerda que admiro la persona maravillosa que eres. Así que, buena suerte y vamos a tomarnos una cerveza juntos después de la carrera".

Vanderlei cuenta que mantuvo gran parte de su pensamiento en las palabras de esta carta mientras corría, sobre todo, cuando se dio cuenta de que se sentía muy bien durante el difícil ascenso del kilómetro 30 y que el gran favorito, Paul Tergat de Kenia, corría con dificultades.

Vanderlei lideraba la carrera del maratón a la altura del kilómetro 35, manteniendo una diferencia de alrededor de 25-30 segundos -aproximadamente 150 m.– por delante de los otros corredores y la medalla de oro parecía ganada, cuando, poco más de siete kilómetros antes de la línea de meta, fue atrapado por un manifestante religioso, que había logrado burlar la seguridad. Ayudado por un espectador griego, Polyvios Kossivas, se zafó del agresor, se reincorporó a la carrera, aún a la cabeza, manteniendo la mitad de la ventaja que tenía.

Sin embargo, lo inesperado y el susto de la agresión sufrida mermaron la concentración del atleta, que no pudo mantener el mismo ritmo con el que corría, y fue superado en los últimos kilómetros por el italiano Baldini y el estadounidense Meb Keflezighi, aunque garantizó la medalla bronce, a tan solo 15 segundos de ventaja sobre el cuarto lugar.

Vanderlei, sin embargo, aceptó su destino con deportividad y continuó hasta el final, entrando en el estadio olímpico bajo la ovación de la audiencia, haciendo su gesto conocido como el "avioncito" (con los brazos abiertos), mientras cruzó sonriente la línea de meta.

Durante la clausura de los Juegos Olímpicos, se anunció que por este hecho, su deportividad por continuar en la carrera a pesar de ser atacado y la humildad demostrada después de la prueba, Vanderlei fue galardonado con la Medalla Pierre de Coubertin, concedida por el COI (Comité Olímpico Internacional) para los atletas que valoran la competición olímpica más que la victoria. Además está considerado como un alto honor otorgado por la organización.

El galardón se presentó en Rio de Janeiro, el 7 de diciembre de 2004, en una ceremonia oficial en su honor y con la presencia de su benefactor griego, Polyvios Kossivas. Hasta hoy, tan solo 5 atletas han recibido este premio y Vanderlei es el único latinoamericano que recibió este máximo honor olímpico.

Vanderlei continuó compitiendo después de los Juegos Olímpicos de Atenas, pero su actuación, ya entonces con 35 años de edad, no fue la misma. Participó en el maratón del Campeonato Mundial de Atletismo de 2005, en Helsinki, pero no pudo completar la carrera. En Amsterdam, 2006, y Tokio, 2007, logró mantenerse solo entre los seis primeros. Ocurrió el mismo abandono que en el Mundial de 2005 y dos años después, en los Juegos Panamericanos de 2007 en Río de Janeiro, cuando abandonó la carrera por problemas musculares.

En las pistas brasileñas, también haciendo su “avioncito”, cerró Vanderlei su carrera profesional en el maratón de San Silvestre, 2008, que fue una auténtica fiesta con la gente durante todo el camino. El corredor cruzó la línea de meta en el puesto 102º, con un tiempo de 52min 12seg, pero el resultado poco importaba. Lo que valía la pena era la celebración con el público. A los 39 años, siendo el único medallista olímpico brasileño en el maratón, estaba conmovido. "Estoy muy feliz. Fue hermoso salir por la puerta principal, siendo aplaudido por lo que hice. Me sentí un gran campeón, con toda la gente aplaudiendo y pidiéndome que no parara. ¡Qué bien que tantas personas participaron en esta celebración! Ni en los Juegos Olímpicos me aplaudieron tanto. Nunca olvidaré el día de hoy", declaró Vanderlei, confesando que aguantó el llanto dos veces durante la carrera. "Y he conseguido controlarme para no llorar hasta el final de la carrera, ya que era el momento para estar feliz, para disfrutar de la fiesta de despedida".

A pesar de ser su carrera de despedida, a Vanderlei le parecía un "hasta pronto". "No es un adiós, es un hasta luego. El atletismo es mi vida y no sería capaz de salir de este entorno. Lo más importante es la historia que construí en este deporte. Fue una historia de superación, viví muchos momentos que me han marcado. Siempre he sido un atleta privilegiado, al trabajar con personas que creyeron en lo que hago, como mis patrocinadores. Hoy en día, el atletismo es un deporte nacional y estoy feliz por haber hecho mi pequeña contribución".


Vanderlei - São Silvestre, 2008 (Brasil)

Oficialmente puso fin a su carrera de maratonista después de participarar en el Maratón de París, en abril de 2009. Incluso tras terminar su carrera, recibió muchos honores, en Brasil y en el mundo entero y, por su ejemplo y por su contribución al deporte brasileño, fue invitado para acceder al pebetero olímpico en la apertura de los Juegos Olímpicos de Rio 2016.

Si la historia de Vanderlei puede inspirar a los nuevos atletas jóvenes brasileños, el legado que deja es mucho más valioso que cualquier medalla de oro.

Mariana B.
Bloguera Biográfica

2 comentarios:

  1. Sin duda, un ejemplo de vida maravilloso. Gracias, Mariana B.

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  2. Un atleta que dejará una bella historia. Gracias, Mariana

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