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domingo, 5 de junio de 2016

Pedro Fernández de Castro Andrade y Portugal (1576-1622): El VII Conde de Lemos

El VII Conde de Lemos nació en Monforte de Lemos, en la provincia de Lugo, comunidad autónoma de Galicia (España), en 1576. Pertenecía a un linaje de la alta nobleza gallega cuyos dominios señoriales estaban en la Comarca de Lemos, con su capital en la villa de Monforte.
Castillo de Monforte de Lemos
El Conde era un hombre de salud frágil, pero que se destacó por su capacidad como estadista y también por su intelectualidad. Al largo de los años adquirió nuevos títulos, así como también sumaría nuevos dominios territoriales a su núcleo familiar, consolidando la tradición en la familia de los Castro. Asimismo se sabe que luchó en favor de los derechos del Reino de Galicia. 

Pedro Fernández de Castro y Andrade, VII Conde de Lemos.
Retrato conservado en la Biblioteca Nacional de España

Retrato de Catalina de la Cerda, 1602
Se trató del VII Conde de Lemos, IV Marques de Sarria (sería en 1598 cuando su padre le concedería este título), V Conde de Villalba, III de Andrade y Grande de España de primera clase. “El gran Conde de Lemos” también fue presidente del Consejo de Indias, virrey de Nápoles (Duque de Taurisano y Conde de Castro, estos dos títulos los obtuvo en el reino de Nápoles), presidente del Consejo supremo de Italia, comendador de la Orden de Alcántara y famoso estadista y diplomático español. Embajador extraordinario de Roma y alguacil mayor del Reino de Galicia. Cuando finalizó sus primeros estudios en Galicia, se trasladó a la ciudad de Salamanca y allí estudió varios cursos en la prestigiosa Universidad de esta ciudad. Contrajo matrimonio con Catalina de la Cerda Sandoval y Zúñiga (?-1648), hija del I Duque de Lerma, Francisco Sandoval y Rojas, por eso era su prima hermana; además fue cuñado del Duque de Uceda, con quien mantendría unas tensas relaciones familiares. 


En el Siglo de Oro español (que abarcó el XVI y XVII), tuvo lugar un importante desarrollo tanto el Arte como las Letras. Los Reyes se convirtieron en protectores de arquitectos, pintores y escultores. En este momento surgieron los más importantes literatos y autores de obras de arte: Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Góngora, Quevedo y un largo etcétera. El Conde de Lemos fue un gran protector de los mayores escritores de esta época, como fue el caso de Luis de Góngora (se pueden encontrar en sus obras diversos sonetos y poemas más extensos dedicados al Conde o a la ciudad de Monforte de Lemos); también se debe destacar la relación con el archiconocido Miguel de Cervantes, el cual le dedicó una gran parte de su obra (las Novelas ejemplares y las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca antes representados, la segunda parte del Quijote o Los trabajos de Persiles y Sigismunda). Otra de las relaciones culturales fue la que mantuvo con los hermanos Argensola (La obra literaria de los hermanos Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola fue admirada en su época, sin embargo siguió siendo famosa durante el siglo XVIII y en siglos posteriores), así como también con Francisco de Quevedo, quien lo definió como: "Honra de nuestra Edad". 

En 1598, Lope de Vega, uno de los escritores de más relevancia del Siglo de Oro, pasó a ser su secretario para ayudarle con sus asuntos personales. Una fuerte y sincera amistad trascendía la relación mecenas-artista y esto se pudo ver no solo en la gran proximidad que mantuvo con Lope de Vega, sino que también Lope le presentaría a Miguel de Cervantes Saavedra, con el cual también parece que tuvo una gran amistad, por lo menos por parte de Cervantes. La relación de amistad entre el Conde de Lemos y Cervantes tuvo un gran destaque, tanto que el último escrito de puño y letra de Cervantes, firmado días antes de morir, fue una epístola al Conde, transcrita a continuación: 

"Aquellas coplas antiguas que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan: "Puesto ya el pie en el estribo", quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar diciendo:
Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
gran señor, ésta te escribo.
Ayer me dieron la Estremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuesa Excelencia; que podría ser fuese tanto el contento de ver a Vuesa Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa Vuesa Excelencia este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle que quiso pasar aun más allá de la muerte, mostrando su intención. Con todo esto, como en profecía me alegro de la llegada de Vuesa Excelencia, regocíjome de verle señalar con el dedo, y realégrome de que salieron verdaderas mis esperanzas, dilatadas en la fama de las bondades de Vuesa Excelencia. Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín, y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diese el cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia. Y, con estas obras, continuando mi deseo, guarde Dios a Vuesa Excelencia como puede. De Madrid, a diez y nueve de abril de mil y seiscientos y diez y seis años.

Criado de Vuesa Excelencia,
Miguel de Cervantes".

Con 27 años fue presidente del Consejo de Indias, así como su padre. Su cargo comprendía ámbitos políticos y administrativos de los territorios coloniales españoles. El Conde instauró políticas para la apertura del comercio, fomentando así el progreso y, consecuentemente, promovió la mejora de la vida del pueblo. También tuvo éxito con la petición al Rey Felipe III solicitando la libertad de los indios. También, al igual que su padre, fue nombrado Virrey de Nápoles (1608). Su primera disposición en el cargo fue proporcionar la seguridad de los habitantes de Nápoles, luchando contra los bandoleros que amedrentaban a la población. Luchó para eliminar las desigualdades sociales existentes, su política estuvo dedicada a mejorar la vida de los más necesitados, puso en orden el caos cronológico que existía en Nápoles (cuatro calendarios vigentes) y fundó la Universidad de Nápoles, levantó edificios de Escuelas Públicas, construyó el Colegio de Jesuitas y creó la Academia Literaria “Degli Oziosi” ("De los Ociosos").

Duque de Uceda

En 1616 regresó a España y, en la ciudad de Valencia, tomó posesión de la presidencia del Consejo de Italia, cargo que lo llevaría, tanto a él como a su suegro, al exilio. El Duque de Uceda, su cuñado, cuando accedió al poder procedió de inmediato a anular los nombramientos efectuados en tiempos de su padre, el Duque de Lerma, de tal forma que el Conde de Lemos fue sustituido en la presidencia del Consejo de Italia, y en su lugar el cargo recayó en el Conde de Benavente. 

Panorámica de Monforte de Lemos

Abandonó Madrid en 1618 y se trasladó a Monforte de Lemos, su tierra natal, donde empezó a disfrutar de la prosperidad cultural y material, que quedaba reflejada en su vida literaria y en los importantes edificios de los que el Conde gozó durante los años de su exilio. En 1620 promovió la celebración de grandes festejos en Monforte, a los que asistieron nobles caballeros que llegaron tanto desde Galicia como de Portugal. Para esta celebración solicitó la creación del concurso literario Lope de Vega en el que, además, el propio Conde contribuyó con una de sus comedias.

Busto del VII Conde de Lemos, en Monforte de Lemos (Galicia)

En 1622, debido a la enfermedad de su madre, el Conde de Lemos tuvo que trasladarse a Madrid. Allí, y mientras su madre presentaba señales de mejora, él debido a su débil salud se enfermó. Dos meses después, el 19 de octubre de 1622, murió en su palacio madrileño de la Plaza de Santiago. La muerte repentina dio mucho que hablar, hubo hasta una hipótesis de un supuesto envenenamiento por parte de sus rivales y de los que alentaban conspiraciones contra su persona. Su cadáver fue llevado a hombros por los caballeros de la Orden de Alcántara, de la que era comendador, hasta el Monasterio de las Descalzas Reales.

Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid.
Interior del Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid.

En su ataúd llevaba el hábito blanco de la Orden y su espada, que actualmente está conservada en la Real Armería del Palacio de Oriente de Madrid. A continuación fue trasladado a Monforte, donde fue sepultado en el Monasterio de las Franciscanas, que había sido fundado por el propio Conde. Lope de Vega, en una carta dirigida al Duque de Sessa, escribió lo mucho que le había afectado la muerte de su señor. 

Como no tuvo hijos, su hermano heredó todos los títulos y su fortuna, estimada en 80 000 ducados de renta. Sus bienes libres los cedió, en usufructo, a su mujer Catalina y después de esta pasarían a constituir varias fundaciones y obras piadosas en Monforte. En 1633, Catalina entraría como monja, bajo en nombre de Sor Catalina de la Concepción, en el Convento de Santa Clara y se trasladan para allí los restos del Conde. No obstante, en agosto de 1646, el convento fue trasladado a su actual ubicación y los restos del Conde, junto con los de otros familiares, fueron llevados para el nuevo convento bajo grandes ceremoniales que duraron varios días. 

Convento de Santa Clara, Monforte de Lemos

En 1648 fallece Catalina, que fue enterrada junto a su marido. Actualmente, se ignora el paradero de los restos del Conde de Lemos y de su esposa. Se sabe que fueron ocultados en algún lugar del Convento de Santa Clara, en Monforte, para protegerlos de los pillajes, saqueos y destrozos en iglesias y conventos durante la invasión francesa.


Voladoira


Bibliografía:
CASÁS FERNÁNDEZ, M., «Cervantes y Galicia. El Conde de Lemos —ilustre gallego— mecenas del inmortal autor del Quijote». En: Boletín de la RAG, XXIV, 1945.
CONTARINI, S., Apéndice a las Relaciones de las cosas sucedidas en la corte de España desde 1599 hasta 1614. Madrid, 1857.
HERMIDA BALAO, M., Vida del VII Conde de Lemos. Interpretación de un mecenazgo, Madrid, 1948.
PÉREZ BUSTAMENTE, C., La España de Felipe III. Vol. XXIV de la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal. Madrid, Espasa-Calpe, 1998.
TOMÁS Y VALIENTE, Fco., Los validos en la monarquía española del siglo XVII. Madrid, 1963.
VV. AA., Introducción a la Historia Moderna. Madrid, Istmo, 1991.

2 comentarios:

  1. Excelente texto que permite una vez más, sobre todo a quienes amamos el tema cervantino y quijotesco, desvelar aspectos históricos relacionados con las relaciones que mantuvieron Lope, Cervantes y el Conde. Da mucho que pensar el hecho de que Cervantes le dedicase tantas obras al Conde y que nunca obtuviese apoyo por parte de este... o de la supuesta mala relación entre Lope y Cervantes. Si tan mal se llevaban, por qué el dramatugo le presentó al mecenas gallego?? Curiosísimos detalles sobre los que pensar...

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  2. Muy interesante, Voladoira! Gracias

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